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Posts Tagged ‘Peña Sagra’


El sábado 28 de septiembre retomamos, después de este caluroso verano, los bonorutas mensuales, a ver si a partir de ahora pueden ser realmente mensuales, todo depende de circunstancias ajenas a nuestra voluntad. La verdad, que las perspectivas del día no eran muy halagüeñas, daban lluvia en todos los lugares de Cantabria, aunque luego no fue para tanto, eso sí, esta vez nos mojamos en uno de los tramos, nos falló un poco nuestra suerte habitual en estos recorridos por la montaña, pero bueno no nos podemos quejar.

Teníamos planeadas un par de rutas, una de ellas era realizar el ascenso al Iján y al Cordel desde la zona de Brañavieja, pero esta, viendo la previsión meteorológica, tuvimos que abandonarla y nos decidimos por la segunda, el ascenso a Sejos, el cual ya habíamos realizado desde varios puntos en rutas anteriores, una de ellas desde Palombera hasta la Caseta del Campanario y otra desde el Haya Cruzá hasta el Cueto de la Concilla. Esta vez la íbamos a realizar desde la otra vertiente, en vez desde la zona de Campoo-Cabuérniga, la realizaríamos desde la zona de Polaciones. Para ello nos desplazamos hacia Puente Pumar, uno de los pueblo del valle de Poblaciones más poblados, donde además se encuentra el colegio público de Polaciones.

Una vez llegado a este bonito municipio de Cantabria cogimos la carretera que va hacia Uznayo y a los quinientos metros encontramos una nave y junto a ella estaba el inicio de una pista con su letrero indicativo, así que en este punto dejamos el coche y nos preparamos para iniciar esta primera ruta de la temporada. Esta primera ruta la íbamos a realizar los senderistas fijos de todas las rutas y mi perro Otto.

Para descargar el track para GPS desde Wikiloc pinchar aquí: (hay que registrarse en Wikiloc)

Para ver el vídeo del bono-ruta realizado por uno de los senderistas  pinchar aquí: .

Inicio de la ruta

Inicio de la ruta

Hace ya muchos años habíamos venido hasta este pueblo con nuestras familias y realizamos un pequeño tramo de esta ruta hasta llegar a unos invernales. Este tramo lo hicimos con nuestras niñas cuando tenían unos seis años e incluso uno de los niños iba en una sillita, lo cual da una idea de lo bien que está este primer tramo del recorrido. El camino estaba muy bien marcado y no tuvimos necesidad de plano ni de GPS, aunque así todo nosotros lo llevábamos por si acaso, no esta de más ser prevenido.  lo primero que nos encontramos fue una pista de hormigón que ascendía ligeramente.

Pista de hormigón

Pista de hormigón

Por esta pista ascendíamos hacia la zona de los Hoyos y desde este punto se podía tener una bonita vista del pueblo de Puente Pumar bajo el Pico la Cucón (1.956 m) aunque hoy cubierto por las nubes. Este pico es donde se inicia la cordillera de Peña Sagra, pero no pudimos disfrutar de estas vistas por culpa de estas nubes.

Puente Pumar bajo la cordillera de Peña Sagra

Puente Pumar bajo la cordillera de Peña Sagra

Al poco de disfrutar de esta magnífica vista nos encontramos una portilla a partir de la cual está prohibido el paso de vehículos sin autorización y empezábamos a abandonar esta zona descubierta de árboles y nos íbamos a empezar a meter en una zona de arboleda.

Portilla en la pista

Portilla en la pista

Al poco de atravesar esta portilla comenzamos a meternos en una zona cubierta de hayas y robles que se encontraban a ambos lados de la pista.

Pista en medio de hayas y robles

Pista en medio de hayas y robles

Caminando por esta pista entre los árboles llegamos a un cruce por el cual se puede regresar de nuevo hacia el pueblo de Puente Pumar y también dirigirse hacia un punto de interés geomorfológico llamado Turbera del Cuetu la Avellanosa (1.354 m). Es una turbera que se encuentra sobre rocas carboníferas y en contacto con restos de una morrena, con un espesor de hasta cuatro metros de turba. También desde este punto se diferencia un pico en el que destaca una enorme antena. Este se encuentra sobre el embalse de la Cohílla, en concreto es la cima del Cuetu la Jaya (1.311 m).

Desvío hacia Puente Pumar

Desvío hacia Puente Pumar

A partir de aquí la pista deja de ser de hormigón y ya comienza a ser de tierra y piedras, aunque así todo sigue siendo igual de cómoda. En esta foto podemos apreciar tanto el cambio de pista como a uno de los senderistas más activos, mi perro Otto, un Yorkshire que deja atrás a cualquier otro perro más grande, si le pusiera un GPS a él veríamos que casi hace el doble de kilómetros que nosotros.

Mi perro con un gran palo por la pista de tierra

Mi perro con un gran palo por la pista de tierra

Después de este continuo, aunque suave ascenso comenzamos a descender para dirigirnos hacia un cruce sobre uno de los arroyos que parten de las Brañas altas y que alimentan al arroyo de Collavín y que después de pasar por Puente Pumar desemboca en el Nansa.

Iniciando el descenso hacia arroyo

Iniciando el descenso hacia arroyo

Ya en la parte final de este descenso cruzamos un puente sobre el arroyo y tras el cual se iniciaba de nuevo otro ligero ascenso.

Puente sobre el arroyo

Puente sobre el arroyo

A los cinco minutos de pasar por este puente llegamos a una zona de invernales. Hasta este punto es a donde llegamos hace muchos años cuando vinimos con nuestras familias, es más lo recordamos porque en este punto hicimos unas fotos que habíamos visto días antes cuando preparábamos la ruta, la verdad que cómo se cambia, sobre todo nuestras hijas, con el paso de los años.

Invernales

Invernales

Continuamos caminando por la pista principal, sin coger ningún tipo de desvío los cuales nos encontramos durante todo el camino, alguno de ellos lo único que hacían era volver a un mismo punto por otro camino o dirigirse a alguna cabaña.

Desvío que no cogimos hacia una cabaña

Desvío que no cogimos hacia una cabaña

Después de una hora de caminar, sin salirnos de la pista principal, llegamos a un cerrado para el control y carga de ganado.

Cerrado para el ganado

Cerrado para el ganado

Nada más pasar por este recinto para el ganado teníamos una perfecta vista de una de las cimas más emblemáticas de esta zona, el Cueto de la Concilla (1.923 m) que destacaba junto con el collado del Hitón.

Cueto de la Concilla y Collado del Hitón

Cueto de la Concilla y Collado del Hitón

A partir de aquí ya comenzábamos a iniciar un duro ascenso hacia el Collado del Hitón, y además de iniciar el ascenso también comenzó la lluvia y el viento y no nos quedó más remedio que abrigarnos y continuar subiendo. En medio de este ascenso pudimos ver lo que debió ser una tenada para el ganado que estaba totalmente destruida, dándonos una idea de los fuertes vientos y nevadas que hay por esta zona.

Tenada para el ganado destuida

Tenada para el ganado destruida

En este tramo de ascenso hacia el collado la pista ya se encontraba en peor estado, con más empedrado y ya en las fotografías se podía ver como el tiempo había cambiado.

Camino más empedrado hacia el collado

Camino más empedrado hacia el collado

Durante este tramo íbamos acompañados todo el rato por el asombroso sonido de la berrea de los venados que se encontraban por los montes de los alrededores, en concreto sonaban por la zona de El Robledo y Helguera. Otra cosa de la que pudimos disfrutar, gracias al mal tiempo, fue de una magnífica vista del arco iris sobre la cordillera de Peña Sagra.

Arco Iris sobre la cordillera de Peña Sagra

Arco Iris sobre la cordillera de Peña Sagra

Después de unos continuos zig-zags ya llegábamos al collado del Hitón y teníamos una nueva vista del Cueto de la Concilla, el cual desde este lado todavía no conocíamos, ya que las otras veces habíamos ascendido desde la zona de Campoo-Cabuérniga.

Cueto de la Concilla

Cueto de la Concilla

Al otro lado del collado se encontraba el Cueto de Helguera o de la Jelguera (1.746 m)

Cueto de la Helguera

Cueto de la Helguera

Como bien se puede ver en ambas fotografías se observa el estacado de separación entre las Mancomunidades de Campoo-Cabuérniga y de Polaciones, y sobre todo en mitad de ella, como si fuese algo de lucha entre las dos mancomunidades, destaca la Piedra Jincá, un menhir tumbado que atestigua la presencia humana en los Puertos de Sejos desde hace milenios.

Piedra Jincá

Piedra Jincá

 De aquí continuamos caminando hacia el collado de Sejos ( 1.469 m ) aparecen otros restos megalíticos en forma de otros cinco menhires rectangulares tumbados más. Se trata de las estelas de Sejos. En dos de ellas se observan grabados con figuras humanas. La piedra jincá formaba parte del conjunto de estelas de Sejos, agrupadas en un círculo dando lugar a un cromlech. Posteriormente se desplazo de su emplazamiento original para marcar la muga entre pastos.

Estelas de Sejos

Estelas de Sejos

También destacan en Sejos los llamados Cantos de la Borrica, un conjunto de grandes bloques erráticos depositados aquí por los movimientos glaciares de los acumulos de nieve en la sierra del Cordel. Sobre todo destaca una gran piedra bajo la cual se encuentra un refugio de montaña.

Cantos de la Borrica

Cantos de la Borrica

También desde el collado de Sejos se podía ver, a lo lejos, una peña en la que se encuentra la caseta del Campanario y que ya visitamos en la otra ocasión que ascendimos a Sejos. También sobre esta peña, al fondo, destaca el Collado de Rumaceo y el Pico Ligüardi (1.974 m) el cual ya ascendimos en otra ocasión.

Peña sobre Caseta del Campanario

Peña sobre Caseta del Campanario

Desde aquí también se podía ver una vista de la otra posible ruta que teníamos planeada, el ascenso al pico Cordel (2.061 m), el primero de la izquierda, y el Cueto Iján (2.085 m) a la derecha del anterior, aunque se encontraban ligeramente cubiertos por las nubes.

Pico Cordel y Cueto Iján

Pico Cordel y Cueto Iján

En pleno collado de Sejos hay una placa conmemorativa por el fallecimiento de un senderista en una ruta a este lugar, la verdad que bonito lugar para fallecer, pero mucho mejor para disfrutarlo una y mil veces.

Placa en memoria de un fallecido en Sejos

Placa en memoria de un fallecido en Sejos

Una vez llegado a este punto teníamos que iniciar el camino de descenso hacia Uznayo y la mejor forma era seguir la pista principal que partiendo de este collado llegaba justo hasta el pueblo. Pero antes pudimos disfrutar de una vista de los picos que teníamos enfrente, aunque algo cubiertos por las nubes. Eran los picos de Europa, Peña Labra, Pico Tres Mares,…

Vista del valle de Polaciones desde el Collado de Sejos

Vista del valle de Polaciones desde el Collado de Sejos

Ya desde este punto se distinguía a lo lejos los pueblos de Uznayo, nuestro primer destino y el de San Mamés, el pueblo de Cantabria poblado que se encuentra a mayor altura sobre el nivel del mar y que pertenece al valle de Polaciones. Así que lo único que hacemos es seguir la pista principal sin salirnos de ella, aunque encontraremos varios desvíos que lo único que hacen es desviarse hacia algunos invernales y luego volver a la pista principal. la pista es muy cómoda y siempre acompañada del sonido de la berrea.

Pista hacia Uznayo

Pista hacia Uznayo

En el camino nos encontramos varios árboles que nos llamaron la atención por su colorido, unos eran acebos, pero tenían pocos frutos mientras que otros, parecía ser un serbal del cazador tenía un esplendido color.

Serbal del cazador

Serbal del cazador

También en este descenso nos encontramos algún invernal que ha sido remodelado de tal manera que ya no es un invernal sino un auténtico chalet en la alta montaña, lógicamente no tiene las mismas comodidades pero si toda la tranquilidad. En esta cabaña se podía observar las leñeras que tenían para pasar algunos días del invierno, incluso en esta época ya estaba encendida la chimenea.

Invernal convertido en casi un chalet

Invernal convertido en casi un chalet

Continuamos descendiendo por una ancha pista de barro la cual estaba habilitada para el paso de vehículos todoterrenos, tal y como habíamos visto anteriormente con un grpo de cacería que se encontraba a la caza del jabalí en el Cueto Concilla. También pudimos ver caminar por esta pista a un par de amantes de la fotografía que se habían levantado a primera hora de la mañana para poder fotografiar a algún venado durante la época de la berrea. Según lo que nos comentaron, sólo pudieron fotografiar a uno y a primera hora, cuando todavía no había salido el sol.

Pista de descenso a Uznayo

Pista de descenso a Uznayo

Por el camino nos íbamos encontrando con diferentes invernales donde la gente de los pueblos del alrededor guarda el ganado, los aperos o se guarece cuando las condiciones meteorológicas no son las más apropiadas.

Algunos de los invernales

Algunos de los invernales

Desde uno de estos invernales pudimos observar, al otro lado de la vaguada como un ejemplar macho salía a esconderse entre los árboles después de asustarse con un grupo de vacas que pastaban tranquilamente en un cercado. Fue una pena que estuviese tan lejos y que no nos diese tiempo para hacerle una foto decente.

Cerrado donde vimos un venado macho

Cerrado donde vimos un venado macho

Continuando descendiendo hacia Uznayo nos encontramos un grupo de caballos que pastaba tranquilamente en una de las muchas brañas que se encuentran por estos alrededores. Este es un tipo de ganado que se cría bastante por estos lugares, ya que son animales muy resistentes a las malas condiciones del tiempo en invierno.

Manada de caballos

Manada de caballos

Cuando íbamos bajando por la pista vimos un desvío que se dirigía hacia el lugar en el que previamente habíamos observado al venado y viendo que íbamos bastante bien de tiempo decidimos dirigirnos por este desvío hacia este lugar.

Desvío a la izquierda a buscar venados

Desvío a la izquierda a buscar venados

Lo primero que hicimos fue cruzar por un puente sobre el arroyo de Larraigado para dirigirnos hacia el otro lado de la vaguada donde se encontraba el cerrado donde vimos el venado.

Cruzando sobre el arroyo

Cruzando sobre el arroyo

Visto que los venados son mucho más inteligentes, en este medio, que nosotros nos dieron esquinazo y no los pudimos observar de cerca, pero aprovechando que cerca del cerrado había un hermoso ejemplar de haya, decidimos ponernos a su sombra a degustar de nuestra exquisita comida, unos simples bocadillos y un poco de chocolate que nos supo a gloria.

Haya bajo el que comimos

Haya bajo el que comimos

Después de comer nos dirigimos por el mismo camino hacia la pista principal sin dejar de observar una bonita panorámica de los picos que teníamos enfrente, Pico Tres Mares, El Cornón (No el de Peña Sagra), el Chivo,…, todos ellos cubiertos por unas nubes que nos impedían ver totalmente su perfil. Pero así todo, magnífico paisaje.

Pico Tres Mares, el Cornón,... cubiertos por las nubes

Pico Tres Mares, el Cornón,… cubiertos por las nubes

Ya acercándonos al pueblo pudimos ver un invernal con un cerrado en el que se podían ver dos magníficos novillos de una de las razas de vacas más extendidas por esta zona debido su dureza ante el mal tiempo.

Magníficos ejemplares del ganado de la zona

Magníficos ejemplares del ganado de la zona

Cuando seguimos bajando, la pista de tierra se convirtió de nuevo en una cómoda pista de hormigón en la que se podían ver cómo llegaban diferentes ramales que poco antes habíamos visto y que se desviaban un poco de la pista principal para dirigirse hacia los invernales próximos.

Pista de hormigón con desvíos de la pista principal

Pista de hormigón con desvíos de la pista principal

Al poco de entrar en esta pista hormigonada ya pudimos tener una magnífica visión del pueblo de Uznayo bajo las impresionantes cimas de la cordillera de Peña Sagra, aunque siempre cubierta de una capa de nubes en su parte superior.

Uznayo bajo la cordillera de Peña Sagra

Uznayo bajo la cordillera de Peña Sagra

Justo antes de llegar al pueblo tuvimos que atravesar el último puente, este sobre el arroyo de Collarín, otro de los que vierten sus aguas al Nansa.

Puente sobre arroyo de Collarín

Puente sobre arroyo de Collarín

Nada más pasar este puente, ya en el pueblo nos encontramos un cartel indicativo de la ruta que habíamos realizado pero en sentido inverso y junto al Humilladero del Cristo del Río,  un humilladero del siglo XVIII, en el que puede verse un relieve en piedra de las ánimas del Purgatorio.

Humilladero del Cristo del Río

Humilladero del Cristo del Río

Una vez atravesado el pueblo de Uznayo y de haber disfrutado de las típicas casas de este poblado, nos dirigimos, ya por carretera, hacia nuestro lugar de origen en el pueblo de Puente Pumar.

Último tramo por la carretera

Último tramo por la carretera

Una vez que llegamos a nuestro destino final, nos cambiamos de ropa y el calzado y nos dirigimos por carretera hacia el pueblo de Pejanda, donde en un bar típico de la zona, donde todos aquellos que se dirigen hacia Cervera de Pisuerga, Potes, Piedraslenguas o sólo van a dar una vuelta con el coche o moto para conocer esta zona paran para degustar los productos típicos de la zona, cocido, embutidos,… Este lugar es Casa Molleda, donde además de poder disfrutar de un refresco pudimos disfrutar de un par de canciones montañesas interpretadas por un par de paisanos que allí habían comido, como dice el refrán “de la panza, sale la danza” en este caso la canción.

Una vez descansado un poco, como seguíamos con un poco de reseco nos dirigimos a otro bar típico de la zona, donde en alguna ocasión ya habíamos parado a comer, en este caso es Casa Enrique en el pueblo de la Laguna. Allí comentamos la ruta que habíamos realizado y tomamos el último refrigerio antes de dirigirnos hacia nuestras casas.

Para ver la imagen en Wikiloc pinchar sobre la imagen.

Ruta en Google Earth

Ruta en Google Earth

Curva de distancia-altura

Curva distancia-altura

Puente Pumar-Collado de Sejos-Uznayo-Puente Pumar
Distancia Total Ruta circular de aproximadamente 19 km.
Duración Total El recorrido lo hicimos en 5 horas y media, parando para comer y descansar unos 45 minutos.
Dificultad La dificultad de la ruta es media, sólo la endurece la distancia, la ascensión hasta Sejos y el viento.
Desnivel El desnivel es de aproximadamente 750 m.
Tipo de camino Todo el recorrido es por pistas, de hormigón, de tierra o de piedras.
Agua potable Hay alguna fuente y bebederos para el ganado, pero es recomendable llevarlo.
Época recomendada En otoño o primavera, en invierno estaría bien para hacerla con raquetas de nieve.
Cartografía y Bibliografía Hoja 82 a escala 1:50.000 (Tudanca) del Instituto Geográfico Nacional.
Track GPS Enlace a track para GPS en Wikiloc
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El viernes 4 de enero nos juntamos un grupo de cinco senderistas, y por supuesto mi perro Otto, para hacer la  primera ruta del año 2013. Con ella también completábamos el carnet de bonorutas del año anterior. Esta marcha serviría para renovar fuerzas de cara al año que acabábamos de iniciar.

Esta vez no tuvimos dudas a la hora de elegir que ruta realizaríamos, ya que teníamos una cuenta pendiente con uno de los senderistas, ya que hace aproximadamente tres años y medio hicimos esta misma, pero partiendo desde otro punto, y en ella no pudo participar por lo que le hicimos la promesa de que en algún momento realizaríamos de nuevo el ascenso a ese lugar que tiene un encanto especial. Ese enclave no es otro que el “Machu Pichu Cántabru”, es decir la mítica Braña de los Tejos. Pinchando en el siguiente enlace se puede ver la entrada al blog de esa ocasión, en la cual partimos desde el pueblo de Santa María de Lebeña, pinchar aquí.

Para ello madrugamos un poco, ya que el punto de inicio se encuentra un poco lejos de Santander, y nos dirigimos hacia nuestro punto de partida, esta vez en vez de partir desde Santa María de Lebeña, saldríamos desde el pueblo de Cicera, perteneciente al municipio de Peñarrubia y que se encuentra a 500 metros de altitud. Para llegar a Cicera nos dirigimos carretera hacia Potes y al llegar al pueblo de Hermida, justo antes del Balneario, nos metimos por una carretera a mano izquierda que nos dirige hacia los pueblos de Linares, Navedo, Piñeres y por fin Cicera. En este tramo pudimos ver la imagen de la Torre de Linares la cual constituye uno de los monumentos medievales más representativos de la Cantabria occidental, símbolo del feudalismo de esa época y de la importancia estratégica e histórica que esta zona septentrional de la Cordillera Cantábrica tuvo en toda la Edad Media.

La torre de Linares ha sido reconstruida gracias a la colaboración de la Consejería de Cultura del gobierno de Cantabria, y el grupo de acción local Saja-Nansa, y permite hoy ver recreada en su planta noble y almenada, la sensación que tuvo en su época más brillante, a finales del siglo XIV y durante todo el siglo XV. Fue residencia del señor de Linares, noble que tuvo bajo su mando el valle de Peñarrubia, desde el bajo medievo, y que aprovechó la importancia estratégica de esta zona, para acrecentar su poder y mantenerlo durante algunos siglos. Esta torre era parte de un entramado de tres torres que denotaban el poder que el Señor de Linares ejerció en el valle. Además de la Torre del Pontón estaba, la Torre de Piedrahita, situada a 620 m. de altitud, y a apenas 500 en línea de esta, y la Torre de Verdeja, junto a la carretera autonómica, a 440 m. de altitud, en el barrio del mismo nombre del mismo pueblo de Linares.

La Torre de Linares posee planta cuadrada de unos 9 m. de lado. Sus muros de sillería, realizados en piedra arenisca, tienen 80 cm. De espesor. Su tipología es similar al esquema arquitectónico de las torres medievales de la región; sus características responden a un modo de combate con escasos efectivos humanos, armados con ballestas, picas, dardos y espadas. Son fortalezas vinculadas a guerras de escaramuzas, asaltos por sorpresa y pequeños asedios.

Las esquinas de esta atalaya están orientadas hacia los puntos cardinales. Divide su alzado en cuatro alturas, coronadas por almenas cuadradas. El acceso se realiza a través de un vano de más de 2 m., en forma de arco apuntado. Esta puerta se encuentra en la fachada sureste donde también hay una ventana ajimezada y una tronera a la altura del primer piso, que es la estancia noble.

Torre de Linares

Torre de Linares

Una vez pasado por estos pueblos llegamos a nuestro punto de partida, Cicera (500 m.), pueblo situado entre el desfiladero de la Hermida y el Valle de Lamasón, donde dejamos aparcado el coche unto a lo que parecía ser una parada de autobús.

Inicio de la ruta

Inicio de la ruta

Para descargar el track para GPS desde Wikiloc pinchar aquí: (hay que registrarse en Wikiloc), aunque si queréis seguir un camino más sencillo y accesible, aunque un poco más largo, os recomiendo usar este otro enlace, pinchar aquí.

Para ver el vídeo del bono-ruta realizado por uno de los senderistas pinchar aquí:

Una vez preparadas las mochilas iniciamos nuestro, en principio duro ascenso, en dirección a la Braña de los Tejos para lo cual tendríamos que superar un desnivel de aproximadamente unos 900 metros. Justo en esta plaza del pueblo había un cartel indicativo en el que explicaba la ruta de ascenso hacia nuestro destino final, aunque nosotros no elegimos este camino, sino que escogimos una alternativa que en principio iba a ser bastante más dura ya que atravesaba todo el bosque de Cordanca sin seguir por una pista ni sendero fácilmente diferenciable.

Letrero indicativo de ruta junto a salida.

Letrero indicativo de ruta junto a salida.

Partiendo de la carretera que se encuentra junto al letrero, cruzamos sus calles en dirección sur hacia el final del pueblo donde tuvimos que pasar por encima de un pequeño puente.

Caminando hacia el puente

Caminando hacia el puente

Todavía sin salir del pueblo nos encontramos una señalización del Camino Santo Lebaniego, el cual partiendo de Santander llega hasta esta localidad. En concreto por aquí pasa la quinta etapa que va desde Quintanilla de Lamasón hasta Cabañes.

Letrero indicativo del Camino Santo Lebaniego

Letrero indicativo del Camino Santo Lebaniego

Continuamos dirigiéndonos hacia la salida del pueblo y pasamos junto a un gran castaño que estaba protegido por un cerrado de madera, adentrándonos en una pista bastante cómoda, la cual duraría muy poco. En este punto llegó nuestra primera duda, aunque al llevar metido un track en el GPS pudimos resolverla fácilmente. La duda llegó porque la pista se dirigía hacia la derecha, siguiendo el Camino Santo Lebaniego, mientras que había un sendero que se dirigía hacia la izquierda. Además justamente en este punto vimos uno de los varios indicadores que marcaban el camino correcto, pero como la mayoría de ellos estaban tirados en el suelo, no sabiendo qué camino marcaba, lo colocamos un poco y siguiendo lo que nos marcaba el track nos adentramos en este sendero. Algo que nos extrañó en gran parte de la ruta fue que la mayor parte de los indicadores de la ruta estaban desenterrados y esparcidos por el suelo, no sabemos si por la acción del agua y los animales o por otra causa.

Punto de duda con señalización en el suelo

Punto de duda con señalización en el suelo

Este sendero parecía un antiguo camino ya que estaba formado por grandes piedras colocadas de manera que parecía una calzada romana, en verdad parece ser que este era uno de los pasos que unía en el siglo XIX, antes de la construcción de la carretera del desfiladero de la Hermida, la costa de Cantabria con la zona de Liébana.

Sendero empedrado

Sendero empedrado

Parecía que íbamos por el camino correcto, ya que como expliqué anteriormente vimos tirados algunos indicadores marcando la ruta a la Braña de los Tejos. Estos indicadores explicaban los tipos de árboles que nos encontrábamos por el camino, dando una pequeña descripción de ellos. Los encontramos referentes a castaños, avellanos,… Al poco de pasar por uno de estos letreros tuvimos que atravesar por un puente la riega de Cordanca.

Puente sobre la Riega de Cordanca

Puente sobre la Riega de Cordanca

Nada más atravesar este rústico puente de madera nos encontramos unas ruinas, con su indicador, de lo que fue la ermita de Santa Cilde, de la cual sólo quedan algunas paredes y parte de la techumbre del ábside. Poco o nade se sabe de sus orígenes e historia, aunque parece ser que las imágenes de los Santos Mártires de la Iglesia de Cicera procediesen de esta ermita.

Ruinas de la ermita de Santa Cilde

Ruinas de la ermita de Santa Cilde

Continuando por este sendero volvimos a encontrar más señalizaciones, en este caso sobre los avellanos, indicándonos que íbamos por el camino correcto, teniendo que atravesar algún pequeño arroyo que nos encontramos por el camino.

Atravesando un pequeño arroyo

Atravesando un pequeño arroyo junto indicador de avellanos

Cuando llevábamos aproximadamente dos kilómetros caminados nos encontramos una especie de portilla en mitad de un muro que parecía que daba entrada a una finca.

Otto pasando por la portilla

Pasando por la portilla

A los diez minutos de pasar por esta portilla llegamos a una pequeña zona despejada, la cual estaba totalmente embarrada ya que un pequeño arroyo la atravesaba. Conseguimos pasar fácilmente por encima de unas piedras y en este punto es donde vimos, en mitad del agua, el último indicador de la ruta de la Braña de los Tejos.

Zona despejada y totalmente embarrada

Zona despejada y totalmente embarrada

A la hora de haber comenzado a caminar nos encontramos al borde del camino una cabaña que se encontraba cerca de una agrupación de cabañas que pertenecen a los invernales de Prado Arcedón.

Cabaña cerca de invernales de Prado Arcedón

Cabaña cerca de invernales de Prado Arcedón

Al borde del camino también nos encontramos alguna pequeña agrupación de cabañas escondidas entre los árboles.

Cabañas entre los árboles

Cabañas entre los árboles

Llega un momento en el que ya parece que salimos del bosque y salimos a una zona totalmente despejada donde había una bonita braña.

Salida  a una de las brañas que nos encontramos

Salida a una de las brañas que nos encontramos

Continuamos caminando por este sendero que va paralelo a la Riega de Cordanca, la cual va desde Collado de Pasaneu hasta Cicera, dejando a mano izquierda alguna cota llamativa perteneciente a la sierra de las Coronas (1.053 m)

Sierra de las Coronas

Sierra de las Coronas

Al poco de haber pasado por estas agrupaciones de cabañas y brañas llegamos a un punto donde el sendero se va hacia la izquierda, junto a una cabaña y que parecía el camino seguro para llegar a la braña de los Tejos, al final si hubiésemos seguido por este camino, a los pies de la sierra de Coronas, hubiésemos llegado a una pista que nos dirigiría hacia el collado de Pasaneu, aunque por un camino mucho más largo, y por tanto a nuestro destino final.

Cabaña en bifurcación

Cabaña en bifurcación

En este punto se nos presentó una gran duda, ¿Qué camino a seguir?, seguir por el sendero fácilmente marcado, el cual iba hacia la izquierda, irnos hacia la derecha por una zona despejada buscando un ascenso más sencillo, o meternos por la cuenca, en este momento seco, de la riega de Cordanca. Viendo que el track que llevábamos cargado en el GPS era introduciéndose por esta última opción y sabiendo que habían llegado a nuestro destino final, nos decantamos por tomar este camino, el cual sabíamos mucho más complicado, tal y como habíamos leído en los comentarios del track en Wikiloc.

Introduciéndonos en la cuenca de la Riega de Cordanca

Introduciéndonos en la cuenca de la Riega de Cordanca

A partir de aquí es donde comienza lo realmente complicado y duro del ascenso, ya que en este momento nos encontrábamos a una altura de 800 metros y en muy pocos kilómetros, unos tres kilómetros y medio, es decir lo que llevábamos recorrido hasta este momento, tendríamos que llegar a los 1400 m. Otra gran dificultad es la no existencia de ningún sendero, camino,… si no que lo único que podíamos hacer es ir ascendiendo siguiendo de cerca el cauce de la riega para no perderla. Lo mejor del ascenso era las bonitas estampas que nos encontramos por el camino.

Extraño árbol junto a la cuenca de la riega

Extraño árbol junto a la cuenca de la riega

En la siguiente fotografía se puede ver la dureza del ascenso, en el que cada uno íbamos buscando el “camino” más sencillo, aunque había pocos. En muchos momentos tuvimos que agarrarnos a ramas, raíces de árboles o piedras para continuar subiendo y en algunos momentos ayudarnos unos a otros para destrabar las mochilas de las ramas de los árboles.

Ascendiendo por la cuenca de la riega

Ascendiendo por la cuenca de la riega

Continuamos siguiendo la cuenca de la riega y en algún momento nos separamos para buscar un paso cómodo, o atravesar alguna vaguada por la que debería bajar algún otro arroyo. Si se sigue este cauce no hay pérdida, aunque puede llegar un momento que presente dudas por la dureza. Según íbamos avanzando veíamos que llegábamos a la parte superior y ya más despejada en la que parecía volver a verse los rayos de sol entre los árboles.

Llegando a la parte superior del bosque

Llegando a la parte superior del bosque

En este momento parecía que el bosque se aclaraba y que ya llegábamos a nuestro destino final después de casi una hora y media de ascenso por esta vaguada. Justo cuando ya casi estábamos saliendo al Collado de Pasaneu, después de haber pasado por el Cotero de Mingo Álvarez, pudimos ver una antigua vagoneta minera, seguramente de la mina de calamina que se encuentra en la Braña de los Tejos.

Vagoneta minera cerca de Collado de Pasaneu

Vagoneta minera cerca de Collado de Pasaneu

Una vez pasada la zona donde encontramos la vagoneta tuvimos una vista de una pequeña cota hacia la que nos tendríamos que dirigir para llegar a la Braña de los Tejos, que aunque en un primer momento parezca que es la braña final, no lo es, todavía queda un poco para llegar al “Machu Pichu Cántabru”, nosotros ya lo sabíamos por la vez anterior que hicimos esta ruta.

Lo que parecía ser la Braña de los Tejos pero que no era

Lo que parecía ser la Braña de los Tejos pero que no era

Desde aquí ya se podía observar el Collado de Pasaneu que es el punto de unión con la ruta que sube desde Santa María de Lebeña y a la  que se puede acceder incluso en un cuatro por cuatro, aunque así se perdería una gran parte del encanto de la subida.

Collado de Pasaneu

Collado de Pasaneu

Desde aquí, gracias al hermoso día que tuvimos, se podía ver toda la costa, desde san Vicente de la Barquera, en el que se distinguía el puente sobre la ría, Comillas, con la universidad Pontificia como punto de referencia, e incluso se podía observar el monte Buciero en Santoña.

Vistas desde cerca del Collado de Pasaneu de toda la costa cántabra

Vistas desde cerca del Collado de Pasaneu de toda la costa cántabra

Una vez en este punto encontramos de nuevo una marca que nos dirigía a la Braña de los Tejos a través de un sendero claramente marcado.

Sendero final hacia la Braña de los Tejos

Sendero final hacia la Braña de los Tejos

Una vez arriba de este último ascenso lo que pudimos ver fue un auténtico espectáculo, por un lado se podía ver Peña Ventosa (1.434 m.) justo delante del Macizo Oriental de los Picos de Europa.

Peña Ventosa delante del Macizo Oriental de los Picos de Europa

Peña Ventosa delante del Macizo Oriental de los Picos de Europa

Y por el otro veíamos una cima que a simple vista no parecía muy representativa, ya que desde esta posición no destaca mucho pero era el Cueto de Cascuerres (1.561 m.) que es la última estribación de la cordillera de Peña Sagra, la cual al verla de perfil no podíamos diferenciar.

Cascuerres y Cordillera de Peña Sagra

Cascuerres y Cordillera de Peña Sagra

Siguiendo por esta alambrada que separa los pastos de Peñarrubia de los de Líebana llegamos a nuestro destino final, la Braña de los Tejos, en la sierra de Cuerres, la cual, si no se tiene cuidado se podrá ir degradando por la entrada de ganado en la zona, ya que en la ocasión anterior que ascendimos teníamos que entrar por una zona por la que el ganado no podía pasar pero en la actualidad esa valla ya no existe y el ganado puede pasar tranquilamente y dañar este maravilloso entorno. Sería necesario que esta zona se protegiese de alguna manera.

Llegando a la Braña de los Tejos

Llegando a la Braña de los Tejos

El ascenso a esta Braña de los Tejos es típica realizarla en la época de Julio a Septiembre ya que el ayuntamiento de Peñarrubia dispone de un par de guías que hace esta visita guiada dos veces por semana y el primer sábado de Agosto, el Ayuntamiento de Peñarrubia realiza la subida senderista como fiesta turística, declarada de interés regional el pasado Enero de 2.004, por parte del Gobierno de Cantabria.

Sabemos por reseñas históricas que el tejo era el árbol sagrado de los Cántabros. Es muy posible, aunque no hay testimonio escrito que lo asevere, que en los bosques del macizo de Cordancas, o tal vez en la misma Braña de los Tejos, se asentase algún poblado Cántabro, aunque fuera de forma intermitente, lo que explicaría la más probable existencia de un campamento militar en Cicera. Sabemos que la presión del ejército Romano obligó al pueblo cántabro a ocupar las cumbres más altas y de más difícil acceso, y no será menos cierto, que la Braña de los Tejos sería, además de por la especie que la puebla, por sus especiales características estratégicas y defensivas un lugar muy especial para aquel pueblo celta.

Desde entonces la Braña de los Tejos he perdurado, siendo cobijo de pastores y ganado en un lugar de paso entre Peñarrubia y Liébana, y en cuyas inmediaciones además del pastoreo no se han realizado otras actividades más que el carboneo y la extracción de mineral de Blenda.

Foto del grupo bajo Tejo milenario

Foto del grupo bajo Tejo milenario

El tejo común o tejo negro (Taxus baccata) es uno de los árboles que más ha influido en la historia y la sociedad del Occidente de Europa, no en vano aparece en numerosos topónimos y en innumerables historias y leyendas. A ello contribuye el hecho de que esta especie es uno de los árboles más longevos del mundo, pudiendo alcanzar los 2000 años de edad.

Con sus ramas, los druidas celtas hacían bastones “mágicos” y con palillos de tejo adivinaban el futuro. La llegada del cristianismo no cambió este aura mística del tejo. Los cristianos, a menudo construyeron sus iglesias y cementerios a laso de tejos que ya habían sido sagrados por los Celtas.

Algunos de los tejos de la braña

Algunos de los tejos de la braña

La rojiza madera del tejo es de una dureza extraordinaria, comparable a la del boj, esto unido a su resistencia al frotamiento, hace que en el pasado también fuese muy utilizada para la fabricación de los ejes de los carros.

Tejo saliendo de las rocas

Tejo saliendo de las rocas

Las virtudes curativas el tejo son conocidas desde hace milenios. Ya en el siglo I de nuestra era el emperador romano Claudio publicó un edicto en el que señalaba al tejo como el mejor antídoto contra las picaduras de ofidios. En fechas más recientes se descubrió en la corteza del tejo el taxol, una sustancia que hoy en día es uno de los más potentes anticancerígenos.

Otro ejemplar de tejo

Otro ejemplar de tejo

Sin embargo, y del mismo modo que cura, el tejo puede matar. Todas las partes del tejo, excepto la carne roja de las bayas, contiene taxina, un potente alcaloide. Los romanos nos cuentan como pueblos celtas, como los cántabros, empleaban infusiones de tejo para suicidarse. Los tóxicos del tejo paralizan el sistema nervioso central; la ingestión de tejo acelera el pulso al principio, que después se va volviendo más lento e irregular. La muerte se produce por parálisis respiratoria. Caballos y asnos son sensibles a este veneno, se sabe de equinos que han caído fulminados a los pocos minutos de haber ingerido hojas de tejo, tal y como ha pasado con un par de yeguas que iban a participar en la cabalgata de Reyes en Puente Viesgo que han fallecido al ingerir ramas de este árbol. En cambio, otros animales como conejos y gatos son inmunes a la taxina.

Otro tejo saliendo entre las rocas

Otro tejo saliendo entre las rocas

la actividad minera fue frecuente en Peñarrubia durante el siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX. La explotación se realizaba de forma manual, mediante bocaminas que se excavaban siguiendo las vetas de mineral. En una de las zonas de esta braña pudimos ver la entrada a la mina de blenda, a la cual accedimos y pudimos ver un pequeño lago al fondo de ella. Era la entrada a las minas de Arceón. De estas minas se extraía blenda, un mineral con alto contenido en zinc, el cual se empleaba en la galvanización del acero, en la fabricación de pinturas y conservantes para la madera, así como productos de tintorería y farmacia.

Entrada a mina de Arceón

Entrada a mina de Arceón

Después de disfrutar de un relajante paseo por esta mística zona nos dispusimos a parar para comer, teniendo como fondo unas magníficas vistas de los Picos de Europa.

Comiendo delante de la Braña de los tejos

Comiendo delante de la Braña de los tejos

Como el año pasado aprovechamos, debidos a las fechas, a celebrar el cumpleaños de unos de los senderistas con el típico rosco de Reyes, el cual nos supo a gloria sobre todo al tomarlo con un chocolate caliente que habíamos traído. El rosco tenía muy buena pinta, pero en la foto se puede observar el magnífico entorno en el que nos encontrábamos.

Rosco de Reyes con Picos al fondo

Rosco de Reyes con Picos al fondo

También aproveché para realizar una panorámica de este maravilloso entorno en el que se ven cimas típicas como Coriscao, Peña Prieta, Pico sagrado Corazón, Samelar, las Verdianas y los Ageros.

Panorámica desde Braña de los Tejos

Panorámica desde Braña de los Tejos

Después de disfrutar de nuestro Rosco de Reyes y de las maravillosas vistas que nos brindó este día soleado de invierno, decidimos iniciar el camino de descenso hacia Cicera. Esta vez en vez de descender por el mismo camino, el cual sería bastante complicado y peligroso, decidimos bajar siguiendo una pista que va por el valle de Lamasón. Para ello nos dirigimos hacia el collado de Pasaneu donde encontramos una pequeña charca.

Charca en Collado de Pasaneu

Charca en Collado de Pasaneu

Atravesamos la alambrada que separa Peñarrubia de Liébana por un paso preparado para ello, dirigiéndonos a la zona de Liébana.

Paso hacia el valle de Liébana en collado de Pasaneu

Paso hacia el valle de Liébana en collado de Pasaneu

Aquí cogimos un sendero bastante ancho y que se dirige hacia el Pico Cascuerres (1.562 m.), la última estribación de la Cordillera de Peña Sagra y en vez de ir por el camino de la derecha nos dirigimos por el que va por la izquierda.

Camino bajo el pico Cascuerres por su zona norte

Cruce bajo el pico Cascuerres cogiendo el sendero hacia el norte

Este sendero recibe el nombre de Senderuco de los Caballos y se dirige hacia el cotero de Mingo Álvarez. Es un sendero muy cómodo y que facilita el descenso.

Sendero del Caballuco

Senderuco de los Caballos

Por este sendero es por donde va el PR-S4 desde Lamasón hasta Camaleño, el conocido como “Camino de Pasaneu”. A las cinco horas desde que iniciamos la ruta nos encontramos un desvío el cual no cogemos, siguiendo por la pista principal y dirigiéndonos dirección hacia La Venta de los Lobos.

Cruce que no cogimos siguiendo pista principal

Cruce que no cogimos siguiendo pista principal

Continuando por esta pista llegó un momento que se tenía una espectacular vista de Linares, Piñeres, Navedo y Cicera y destacando sobre todo el mirador de Santa Catalina, el cual visitaríamos al final de la ruta.

Linares, Piñeres, Navedo, Cicera y Mirador de santa Catalina

Linares, Piñeres, Navedo, Cicera y Mirador de Santa Catalina

Cuando ya llegábamos a la Venta de los Lobos, por atajar un poco nos metimos un poco en el monte saliéndonos de la pista principal y ahorrándonos un buen trecho del camino, lo cual se agradecía ya que ya llevábamos andando más de cinco horas y además con el duro ascenso que habíamos acometido.

Atajando al llegar a la Venta de Lobos

Atajando al llegar a la Venta de Lobos

Desde este atajo se veía abajo el camino que tendríamos que haber seguido, en el que destacaba un cerrado para el ganado.

Camino que atajamos

Camino que atajamos

Después de este atajo volvimos a salir de nuevo a la pista pero por muy poco espacio,

Saliendo de nuevo a la pista principal

Saliendo de nuevo a la pista principal

ya que a los pocos metros de ir caminando por la pista llegamos a un collado a la altura de la Sierra de las Coronas, donde teníamos la posibilidad de seguir tres posibles alternativas. La primera de ellas era bajar por la vaguada en dirección al punto donde había una cabaña junto un sendero justo en la vaguada por donde nos metimos en la cuenca de la Riega de Cordanca. La segunda era subir hacia el collado e ir campo a través en busca de los invernales de Carracedo. La última alternativa era seguir por la pista principal, pero separándonos mucho de nuestro destino final. Nos decantamos por la segunda opción y nos dirigimos hacia el collado.

Ascendiendo hacia el collado

Ascendiendo hacia el collado

Una vez en el collado, desde él se tenía una vista de la cordillera de Peña Sagra y por el otro lado nos dirigíamos hacia unos invernales, los de Carracedo.

Descendiendo hacia los invernales de Carracedo

Descendiendo hacia los invernales de Carracedo

Cuando descendíamos, monte a través, siguiendo el sendero abierto por el ganado, nos llevamos la agradable sorpresa de ver como de una pequeña arboleda salían tres venados, los cuales en vez de subir hacia arriba se dirigieron hacia la parte baja donde se encontraban los invernales, dándonos tiempo para poderlos ver y fotografiar tranquilamente mientras ellos nos vigilaban.

Tres venados vigilantes

Tres venados vigilantes

Seguimos campo a través hasta llegar a un camino bastante embarrado cerca de los invernales y que dirigía a dichas cabañas, las cuales se encontraban en bastante buen estado.

Invernal de Carrancedo

Invernal de Carrancedo

Desde aquí continuamos por esta pista embarrada y nos dirigimos hacia el collado de Carracedo, saliéndonos de la pista principal hacia una cabaña y desde la que pensábamos que íbamos a tener un camino sencillo para descender hacia Cicera.

cabaña en collado de Carracedo

Cabaña en collado de Carracedo

Pero no fue así, desde aquí el descenso se hacía bastante complicado ya que llegabas a unos cortados bastante complicados de descender, así que no nos quedó más remedio que recular y volver a la pista principal, intentando buscar otro camino de descenso.

De nuevo en la pista principal

De nuevo en la pista principal

Viendo que la pista principal se abría mucho y se nos iba a largar mucho el camino, cuando llegamos junto a un indicador que había tirado en el suelo y que marcaba un destino al que nosotros no íbamos, decidimos salirnos de nuevo campo a través hacia los invernales de Agua Seles.

Saliéndonos de nuevo del sendero principal

Saliéndonos de nuevo del sendero principal

Íbamos campo a través cuando nos encontramos un indicador en mitad de la nada que ponía mirados de Agua Seles. Desde este punto nos pudimos deleitar en la contemplación del paisaje, que está limitando al norte por la alineación montañosa de los Picos de Ozalba, el Monte Gamonal, el Virdio Treslajora, ya en los Picos de Europa, Los Ageros-moles, todas ellas, de caliza gris casi desnuda de vegetación, que contrastan poderosamente con el verde de los brezales y praderías de sus faldas. Hacia el oeste, se encuentra el barranco del río Cicera, la población del mismo nombre y, tras ella, el Monte de Santa Catalina, con su denso hayedo. Hacia el sur, finalmente, las cabeceras de estos arroyos de la red del Deva se ven enmarcadas por el extremo occidental de la sierra de Peña Sagra y su continuación en la sierra de Cuerres donde se encuentra la Braña de los Tejos.

Mirador de Agua Seles

Mirador de Agua Seles

Continuamos caminando hacia los invernales de Agua Seles campo a través  y cuando llegamos a la Cuesta de las Navas desde la que se podía ver una cima cercana, el Pico de Obán (787 m.)

Pico Obán al fondo

Pico Obán al fondo

En vez de seguir recto hasta encontrar un nuevo sendero, en este caso el PR-S3 conocido como “Camino de Arceón” nos dirigimos en dirección hacia Cicera de forma directa, sin saber si tendríamos que volvernos para atrás por no poder acometer el descenso. En este descenso nos encontramos muchos espinos y brezos que dificultaban el paso, pero veíamos claramente nuestro destino final, así que continuamos por él.

Cicera al fondo de la cuesta de las Navas

Cicera al fondo de la cuesta de las Navas

En medio del descenso nos encontramos un bebedero para el ganado

Bebedero para el ganado en la Cuesta de las Navas

Bebedero para el ganado en la Cuesta de las Navas

ya veíamos cerca el final del camino cuando de repente nos encontramos el sendero que podíamos haber cogido más arriba, facilitándonos el descenso, el PR-S3.

Cogiendo el PR-S3

Cogiendo el PR-S3

Ya continuamos por este camino hasta que llegamos a la primera de las casas de Cicera dirigiéndonos hacia donde teníamos el coche, donde aprovechamos para cambiarnos el calzado y descansar un momento hablando con los lugareños del lugar.

Llegando a Cicera

Llegando a Cicera

Una vez en Cicera nos comentaron que estaría bonito visitar el mirador de Santa Catalina, también conocido con el nombre de la Bolera de los Moros, donde en la época Medieval había  una fortaleza, la cual fue construida entre los siglos VIII y XI,  y cuyas ruinas son conocidas como castillo de Piñeres. Las excavaciones coordinadas por Pedro Sarabia confirmaron la presencia de una torre de planta trapezoidal, una atalaya de planta ovoide con diámetros de 10 y 6 metros, separada de la primera estructura por un patio, fuertes murallas y una primitiva ermita advocada a Santa Catalina de la cual sólo quedan los cimientos. Así que aunque ya estaba anocheciendo nos dirigimos en coche hacia el mirador. La foto no es mía ya que estaba ya bastante oscuro y la he cogido de la Web.

Mirador de Santa Catalina

Mirador de Santa Catalina

Desde este mirador las vistas del desfiladero de la Hermida y del valle de Liébana eran espectaculares, llegándose a ver hasta Potes.

Vistas desde el mirador de Santa Catalina

Vistas desde el mirador de Santa Catalina

Una vez realizada esta última visita nos pusimos carretera hacia Santander, parando previamente en Unquera para comprar unos postres típicos y tomar un merecido refresco. También comentamos que no descartamos volver a ascender, dentro de unos años, desde el último punto que nos falta, desde San Pedro de Bedoya.

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Imagen de Google Earth

Imagen de Google Earth

Curva distancia-altura

Curva distancia - altura

Curva distancia – altura

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