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Llevábamos varios días esperando a que mejorara el tiempo para hacer nuestra última ruta del año 2020, pero debido al mal tiempo, no la pudimos realizar y tuvimos que hacer la primera del año 2021. Para ello, el día 7 de enero, nos juntamos tres amigos senderistas y nos decidimos por hacer una ruta con raquetas de nieve por la zona de Campoo, ya que asegurábamos nieve y sobre todo buscamos una zona libre de posibles aludes.

Debido a la borrasca Filomena, que estaba entrando por el sur de España, nos asegurábamos que íbamos a tener un buen día de nieve, además era el único día que daban unas condiciones meteorológicas adecuadas para hacer una ruta, ya que no daban lluvia, ni nieve y daban un día despejado.

Para ello nos dirigimos al pueblo de Corconte, en la zona de Campoo. Para ello teníamos dos opciones, ir por el Escudo o por la autovía hasta Reinosa. Como todavía era muy pronto preferimos ir por Reinosa ya que no sabíamos cómo estaría la carretera del Escudo, aunque el regreso lo hicimos por el Escudo.

Una vez que llegamos al pueblo del Corconte, aparcamos el coche justo en la entrada junto a la Iglesia, ya que era la única zona del pueblo donde no había nieve y se podía aparcar el coche. En el momento que nos apeamos del coche la temperatura era de -12,5º Centígrados, así que nos pusimos ropa de abrigo, guantes y gorro y comenzamos a caminar.

Para descargar el track para GPS desde Wikiloc pinchar aquí: (hay que registrarse en Wikiloc)

Inicio de ruta junto a la Iglesia.

Las carretas del pueblo estaban despejadas, ya que las máquinas quitanieves habían abierto el acceso a las viviendas del pueblo, así que nos dirigimos hacia el interior del pueblo en dirección al inicio de la pista, la cual lógicamente estaría cubierta de nieve y por tanto sería difícil de encontrar. Nos dirigimos por el Barrio Corconte en dirección al Albergue de Corconte. El inicio de la pista, que se internaba en el bosquecillo, se encontraba justo al lado del Centro Tecnológico de la Miel de Corconte, aunque nos despistamos un poco y cogimos un camino erróneo durante unos metros. Aquí ya tuvimos que ponernos las raquetas y no nos las quitaríamos hasta que acabásemos la ruta en la carretera.

Inicio de pista junto a Centro tecnológico de la miel de Corconte.

La supuesta pista, que se encontraría 50 cm por debajo de la nieve, se adentraba por el bosquecillo del Monte de Corconte. El caminar era muy lento ya que la nieve estaba muy blanda y, aún con raquetas, nos hundíamos mucho lo cual dificultaba mucho el caminar. Íbamos buscando aquellos tramos en los que la nieve estaba más dura, justo debajo de los árboles, los cuales estaban totalmente cubiertos de nieve.

Pista por Monte de Corconte.

Después de unos 700 metros caminando por este bosque salimos de él a una zona más descampada y en el que la nieve estaba un poco más dura, pero así todo no seguíamos hundiendo en la nieve virgen.

Saliendo a zona despejada.

A partir de este punto ya no volveríamos a caminar por una zona boscosa hasta el camino de regreso hacia Corconte. Desde aquí era más difícil seguir la pista, ya que no se veía, ni se intuía la pista bajo la nieve. Aunque al principio se podía intuir. Este tramo era de ascenso y lo primero que hicimos fue cambiar el rumbo hacia el este, intentando seguir la “pista oculta”, pero gracias al track que llevábamos en el GPS. Al poco pudimos oír ruido de coches y pudimos visualizarlos circulando por la carretera del Escudo. También pudimos apreciar, al fondo el monumento a los Italianos.

Carretera del Escudo y monumento a los Italianos.

Los legionarios enviados por Benito Mussolini para ayudar a Franco a ganar la guerra también tuvieron su particular Valle de los Caídos a modo de monumento funerario. Está en ruinas, desmantelado, en un prado que sigue siendo propiedad del Estado italiano, casi en lo alto del puerto del Escudo, en la carretera que comunica las montañas de Burgos con las de Cantabria.

Mussolini también le tomó la delantera a Franco en la arquitectura fascista, cuando mandó levantar en el Escudo una esbelta pirámide de hormigón con la puerta situada hacia el amanecer y una enorme M en el encuadre, en homenaje a sí mismo.  La pirámide del Escudo acogió 384 cadáveres hasta que en 1975 el Gobierno italiano decidió la exhumación de los cuerpos, que repatriaron en cajas de cinc (268) y el resto se trasladó a la Torre-Osario de Zaragoza. La medida se había fraguado cuatro años antes, cuando un autobús militar con medio centenar de familiares llegados de Roma para visitar el cementerio se despeñó en una de las curvas del puerto. El accidente, con 12 muertos, sirvió para recordar la existencia de una necrópolis incómoda.

Monumento a los Italianos.

También desde este punto, echando una vista en dirección sur se podía ver una gran superficie del pantano del Ebro, pero estaba totalmente cubierto por un mar de nubes, bueno, más bien una capa de espesa niebla.

Vista del pantano del Ebro

Seguimos ascendiendo ligeramente en dirección noreste en dirección a las antenas que se veían en el Alto del Escudo (1.011 m.). En este tramo atravesamos el arroyo de los Moslajos, lo único que no lo vimos ya que se encontraba en una vaguada cubierta por la nieve. en este punto ya se comenzó a ver, totalmente cubierto de nieve, el Castro Valnera, el Picón del Fraile, y las cimas del sur de la bahía de Santander.

Antenas del Alto del Escudo y cimas del sur de la Bahía de Santander.

Después de caminar unos metros en dirección noreste cambiamos la ruta dirigiéndonos hacia unas cabañas que se encontraban hacia el noroeste en la zona conocida como Corea.

Hacia las cabañas en Corea.

Una vez pasada la primera cabaña echamos una vista atrás y pudimos ver el punto desde el que habíamos salido en Corconte, así como el pantano del Ebro cubierto de niebla.

Corconte y pantano del Ebro.

Continuamos ascendiendo junto a la alambrada que acompañaba a las cabañas, primero pasamos la primera de ellas que se encontraba en perfecto estado, luego había una que estaba en estado de abandono y al llegar a la tercera cabaña la bordeamos en dirección noreste y siguiendo lo que debía ser una pista bajo la nieve, Desde este punto las vistas del Castro Valnera, Picón del Fraile, Porracolina, Las Enginzas, e incluso creo que se podía ver Peña Cabarga, todos ellos cubiertos de nieve.

Cimas del sur de la Bahía de Santander.

Aquí abandonamos la alambrada y nos dirigimos a la primera cima a nuestra izquierda, en la que se distinguían unas grandes rocas y pensábamos que se trataba de Peñas Gordas, aunque luego no fue así, si no que era una pre-cima. En la fotografía aparece una perra que nos acompañó en gran parte del recorrido desde Corconte.

Dirigiéndonos hacia Peñas Gordas.

Cuando llegamos a la parte superior, ya casi junto a las grandes rocas nos apareció una maravillosa visión de las cimas anteriormente mencionadas, e incluso se podía ver, al fondo, el mar.

Perfecta vista de las cimas principales de Cantabria.

Una vez en la cima, nos subimos a las grandes rocas, buscando el punto geodésico que habíamos leído que había en la cima de Peñas Gordas y al no verlo pensamos que no sería el sitio correcto, como así fue, ya que ese punto geodésico se encontraba en la siguiente cima.

Grandes rocas en la cima.

En este punto aprovechamos para hacernos el selfie de todas las rutas.

Selfie en la primera cima.

En vista que esta no era la cima de Peñas Gordas, o por lo menos no encontramos el punto geodésico, nos dirigimos hacia la siguiente cima, donde ya encontramos dicho punto, y por tanto habíamos llegado a nuestro primer objetivo, Peñas Gordas (1.211 m.)

Peñas Gordas con su punto geodésico.

Desde la cima de Peñas Gordas y echando una vista hacia el oeste se podía ver la Sierra del Cordel y la conocida, por la carrera de Trail, como la Herradura de Campoo

Cimas de la Sierra del Cordel y la Herradura de Campoo.

Por ahora llevábamos 2 horas y cuarto de caminata y solamente habíamos recorrido 4 km, es lo que tiene el ir caminando con raquetas y sobre todo por nieve virgen y blanda. Como íbamos bien de tiempo y de cansancio decidimos seguir hacia la siguiente cima, Castro La Arena (1.246 m.), aunque previamente pasaríamos por la cima de Cueto Espina (1.216 m.)

Cima del Castro La Arena.

Parecía que el camino era muy sencillo, ya que la nieve no da sensación de subidas y bajadas, pero una vez llegada a la cima del Cueto Espina, se bajaba a un collado en la zona de La Turbera, para luego volver a ascender hacia el Castro La Arena. Aunque no era muy duro, íbamos acumulando el cansancio. A la izquierda del recorrido se podía ver una bella estampa de los árboles cubiertos de nieve.

Árboles cubiertos de nieve.

Una vez llegados a la cima del Castro La Arena, vimos nuestro próximo objetivo, Mediajo Frío (1.327 m.), aunque este objetivo nos parecía inalcanzable, ya que si llegásemos a esa cima, luego nos quedarían cinco kilómetros más de caminata e igual se nos haría de noche, así que preferimos no arriesgar.

En la cima de Castro La Arena, con Mediajo Frío al fondo.

Si no hubiese sido una ruta con raquetas de nieve, es decir con nieve, hubiésemos llegado hasta esta cima, a la cual ya habíamos ascendido en otra ocasión desde Casares, y que se encuentra recogida en el siguiente enlace. Desde la cima también pudios disfrutar de otra vista de las cimas del sur de la Bahía de Santander.

Cimas del sur de la Bahía de Santander.

También desde este punto se tenía una magnífica vista de una meseta que se encuentra cerca del pueblo de Aguilar de Campoo, en concreto se trata de Las Tuerces, y en la que en algún momento se podía distinguir La Mesa de dicha meseta. Esta ruta ya la hicimos en una ocasión desde el pueblo de Mave hasta Villallano y se puede ver en el siguiente enlace.

Meseta de Las Tuerces al fondo.

Como ya llevábamos caminados 6,5 km en 3 horas y cuarto, decidimos buscar un camino de regreso hacia Corconte, ya que el track que llevábamos en el GPS, seguía hasta Mediajo Frío y por tanto ya no nos servía. Para ello nos dirigimos hacia el collado que teníamos entre nuestra cima y Mediajo Frío y ahí decidimos bajas por la vaguada.

Vaguada por la que bajaríamos.

Lo que haríamos sería bajar entre los dos bosques que se podían ver en la fotografía, ya que si nos metíamos por el bosque el camino nos resultaría más complicado. Iniciamos el descenso intentando buscar las zonas con menos pendiente, ya que había algunas zonas en las que había grandes desniveles. Nuestro objetivo era dirigirnos a la carretera que se encontraba junto al pantano, el cual todavía estaba cubierto de niebla.

Bajando hacia el pantano del Ebro.

En este tramo de dura bajada pudimos ver un zorro que se dirigía lentamente hacia el bosque, aunque no lo pudimos fotografiar claramente.

Zorro hacia el bosque.

El descenso se nos complicó en un par de momentos, ya que tuvimos que atravesar dos arroyos, el primero el arroyo Tiaque y el segundo el arroyo Moroso, el cual atravesaba un prado. Los cruces de los arroyos fueron bastante complicados, ya que algunos tramos estaban cubiertos de nieve pero al pisarlo junto al arroyo se hundían esos “puentes de nieve”. Una vez en la parte inferior, después de “saltar” varias alambradas, aunque no costaba saltarlas, ya que la nieve cubría totalmente la alambrada, llegamos a una “pista” que parecía que se dirigía hacia la carretera, así que la cogimos.

“Pista” hacia la carretera.

Aunque la “pista” parecía que nos iba a llevar directamente hacia la carretera, decidimos salirnos de ella y atravesar un prado desde el que pudimos ver una visión general del descenso que habíamos realizado.

Cima desde la que habíamos descendido.

En este prado último decidí hacer algo que nunca había hecho, el famoso “ángel” sobre la nieve. Así que ahí queda la prueba de este “ángel”.

Ángel, antes y después.

Después de 4,3 km de descenso, con saltos de arroyos, caídas, hundirnos en la nieve hasta la cintura, incluso con las raquetas, llegamos a la carretera junto a una granja. Allí teníamos dos opciones, seguir por la nieve de la orilla de la carretera o quitarnos las raquetas e ir por la orilla de la carretera limpia de nieve. Lógicamente después de la dura caminata, el cargazón en los abductores, lo que hicimos fue quitarnos las raquetas y caminar con precaución por la carretera.

Caminando por la carretera hacia Corconte.

El último tramo por la carretera fue de 3,5 km, pero ya sin raquetas este tramo se hizo más fácil, aunque estábamos bastante cansados y teníamos bastante apetito. Como seguía haciendo frío decidimos ir comiendo el bocadillo en marcha para no quedarnos fríos, ya que la temperatura, según comprobamos cuando llegamos al coche era de -4ºC. En ese camino pudimos ver por primera vez el agua del pantano del Ebro.

Pantano del Ebro junto a la carretera.

Seguimos caminando por la carretera y poco después de pasar por una zona recreativa llegamos al pueblo de Corconte, después de una caminata de casi 14 km y de 6 horas y diez minutos. Después de cambiarnos de ropa, ya que, aunque no estaba mojada, sí estaba sudada y nos podíamos quedar fríos, nos dirigimos hacia el Escudo y paramos en San Vicente de Toranzo para tomar un refresco.

Para ver la ruta en Wikiloc pinchar sobre la imagen.

Ruta en Google Earth

Curva de altura en función del tiempo de marcha.

Curva altura-tiempo

 

Corconte – Peñas Gordas – Castro La Arena – Corconte
Distancia Total Ruta circular de 13,91 km.
Duración Total El recorrido lo hicimos en seis horas y 11 minutos minutos, y estaríamos parados 30 minutos en las paradas.
Dificultad La ruta es de nivel medio, aunque se hizo bastante dura debido a lo blanda que estaba la nieve, sobre todo en el primer tramo de bosque y en el descenso final.
Desnivel El desnivel es de aproximadamente 400 m. con un desnivel acumulado de unos 575 m.
Tipo de camino Todo el camino fue por la nieve con raquetas de nieve, excepto los últimos 3,5 km que fueron por la carretera.
Agua potable Encontramos varios arroyos en los que se podría beber agua, pero ninguna fuente.
Época recomendada Como la queríamos hacer con raquetas hay que hacerla en invierno, aunque en primavera también se podría hacer sin nieve y prolongándola hasta Mediajo frío.
Cartografía y Bibliografía Hoja 83-IV (La Costana) a escala 1:25.000 del Instituto Geográfico Nacional.
Track GPS Enlace a track para GPS en Wikiloc

El sábado 24 de Octubre nos juntamos cuatro amigos senderistas para hacer uso y disfrute de nuestro bonoruta. Para ello después de ver posibilidades, conocer el tiempo, y las zonas con caza, nos dirigimos a Tudanca para hacer una ruta circular.

Una vez llegados a Tudanca nos dirigimos al aparcamiento habilitado para turismos a la entrada del pueblo.

Aparcamiento para turismos en Tudanca

Para descargar el track para GPS desde Wikiloc pinchar aquí: (hay que registrarse en Wikiloc)

Para ver una breve crónica de la ruta y el vídeo de la ruta pinchar aquí

Una vez preparadas las mochilas, puestas las botas y ver hacia dónde dirigirnos, iniciamos la marcha en dirección al centro del pueblo, dejando a la izquierda la iglesia del pueblo.

Dirigiéndonos hacia el centro del pueblo

Nada más entrar en el pueblo nos encontramos un letrero que nos indicaba el inicio de la ruta por el Camino Real.

Hacia el Camino Real

El Camino Real, descrito por Fernando Colón en su obra Cosmografía y Descripción de España (1517), era el camino que comunicaba la villa marinera de San Vicente de la Barquera con Toledo. Este Camino Real constituye un ejemplo más de las comunicaciones entre costa la cantábrica y la meseta castellana, a través del valle del Nansa. Según el cronista el camino sumaba un total de ochenta leguas, lo que equivale aproximadamente 445 km. San Vicente de la Barquera conectaba así con dos centros de gran importancia: Medina de Rioseco (Valladolid), núcleo de comercio e intercambio con Castilla, y Toledo, centro político y administrativo, poniendo de manifiesto la importancia que esta ruta tuvo en el pasado.

La función principal de este camino era la del intercambio comercial de artículos entre los puertos cantábricos y la meseta. Los productos que circulaban por el camino eran la pesca del cantábrico, sal – de gran valor puesto que se utilizaba para conservar alimentos-, productos llegados al puerto como lienzos y tejidos, utensilios de hierro procedentes de otros países europeos, útiles de madera de fabricación local, etc…

Este Camino Real se dirige por el margen derecho del río Nansa, por un sendero estrecho, bastante embarrado y en algunas zonas cubierto por hierba. Menos mal que llevábamos buen calzado (botas) ya que en caso contrario lo hubiésemos pasado bastante mal.

Iniciando el Camino Real, paralelo al río

A los pocos metros de iniciar el recorrido por este senderillo a la orilla del río, pudimos ver las primeras casas del pueblo de Santotis, al otro lado del margen del río.

Primeras casas del pueblo de Santotis

El recorrido por esta zona no tiene ninguna pérdida, ya que no hay ningún cruce ni posibilidades de perderse, así que seguimos caminando por este Camino Real y echando una vista  atrás pudimos ver las estribaciones de la Sierra de Peña Sagra, justo encima de Tudanca y de La Lastra, y en la que se podía distinguir el conocido Sendero del Potro, que saliendo de La Lastra llega hasta Pejanda.

Estribaciones finales de Peña Sagra

Seguimos caminando por este Camino Real, el cual tenía ligeras subidas y bajadas, y en una de esas ligeras subidas pudimos ver ya, casi al completo, el pueblo de Santotis.

Pueblo de Santotis

En este sendero nos tenemos que cruzar con tres arroyos hasta llegar al punto en que nos tenemos que desviar hacia el interior del bosque. A los 2,5 km de la salida nos encontramos el primero de los arroyos, se trataba del arroyo que bajaba por el Canal de Mollea, que baja desde el Prado del Concejo de Tudanca.

Canal de Mollea, que fluye hacia el Nansa.

A partir de aquí cambia un poco el aspecto de lo que nos rodea, empezamos a ir por un camino cubierto, a diestra y siniestra, de avellanos, lo cual hacía una zona más sombría y con más humedad en el suelo, y por tanto un terreno más embarrado.

Camino bordeado de avellanos

En una de esas constantes subidas y bajadas pudimos tener una visión bastante espectacular del curso del río Nansa.

Río Nansa en medio del bosque

A los casi 4 km de nuestro punto de salida nos encontramos el segundo de los arroyos que teníamos que atravesar. En este caso se trataba del Arroyo del Costacillo, el cual baja por el Canal de Aras. En este arroyo que cruza el camino había una dificultad, cómo pasarlo. Teníamos dos opciones, la primera de ella era pasar por un enrejado de alambrón que estaba sobre el arroyo y que parecía una portilla que estaba caída sobre el arroyo.

Paso sobre el arroyo de Costacillo

El segundo paso era mucho más complicado y peligroso. Uno de los senderistas intentó pasar por ese defectuoso puente, pero notando la posibilidad de resbalar y de que se rompiese el puente se echo para atrás y paso por el otro que era más seguro.

Paso sobre arroyo (muy peligroso)

A los diez minutos de atravesar este último arroyo nos encontramos una bonita cabaña con un buen “prao” al lado y junto al río.

Cabaña junto al río

Unos pocos metros después de pasar junto a esta cabaña tuvimos que atravesar el último de los arroyos, este mucho más pequeño que los anteriores.

Cruzando el último de los arroyos en el Camino Real

Después de 4,5 km y aproximadamente una hora y media de caminata llegamos a un cruce donde abandonamos el Camino Real. Este cruce estaba cerca del pueblo de Sarceda y justo antes de un “prau” bastante extenso y con una cabaña en el medio.

Cruce a la derecha

Ahora comenzaba la zona más complicada, aunque en este primer tramo no era para tanto. Se empezaba a notar el ascenso ya que teníamos que ascender desde los 350 m de altitud, al borde del río hasta los 1.186 m en el Cueto de Caorra. La pista ascendía por medio del bosque.

Iniciando el ascenso por el bosque

En este ascenso, haciendo algún que otro zig zag, volvimos  a travesar el último arroyo que habíamos cruzado en el Camino Real, pero esta vez varios metros más arriba.

Cruzando de nuevo el mismo arroyo, pero más arriba

En este ascenso pudimos tener una nueva vista de las estribaciones de la Sierra de Peña Sagra, así como los pueblos que estaban a sus pies.

Estribaciones de la Sierra de Peña Sagra

Seguimos ascendiendo por esta cómoda pista, en la que pudimos encontrar varias setas de diferentes especies, la más conocida el tan codiciado Boletus. A la media hora del desvío del Camino Real nos apareció una magnífica vista de la Sierra de Peña Sagra, en la que destacaba el conocido y ya ascendido por nuestro grupo de montaña, el Cornón de Peña Sagra.

Cornón en Sierra de Peña Sagra

Continuamos este ascenso hasta que llegamos a un cambio de sentido justo en una vaguada que baja desde Sierra Yero y por la que baja un pequeño arroyo.

Vaguada desde Sierra Yero

A los pocos metros volvimos a tener una perfecta vista del bosque que teníamos en frente, al otro lado del Canal de Aras, y justo detrás y al fondo la Sierra de Peña Sagra.

Bosque en Canal de Aras y Peña Sagra al fondo.

En esta zona volvimos a ver bastantes setas junto al camino y pudimos disfrutar el color rojizo del bosque de hayas que se encontraba en el Canal de Aras.

Hayedo, con su hoja otoñal en Canal de Aras.

Seguimos ascendiendo ligeramente y al poco rato parece que empezamos a llanear y entramos en una especie de pequeño bosque con zonas cubiertas de musgo y de robles.

Entrando en un bosquecillo

Una vez atravesado este pequeño robledal salimos a una zona en la que perdimos el sendero, la pista, y todo indicador a seguir, así que empezamos a caminar a media ladera en dirección al arroyo, tal y como nos indicaba el track que estábamos siguiendo.

Arroyo de Costacillo en el Canal de Aras

El problema es que si lo seguíamos nos mandaba bajar hacia el arroyo de Costacillo en el Canal de Aras y buscar un paso por él, así que decidimos no hacer caso del track e iniciar el tramo más duro de todo el recorrido y dirigirnos ladera arriba hacia la crestera. Aquí cada uno buscó su camino más cómodo, unos hicieron la subida buscando la pendiente más suave dirigiéndose hacia el collado próximo, mientras que yo me dirigí hacia arriba por la máxima pendiente en busca de la cima, siempre sin perder de vista al grupo principal.

Realizando el ascenso por la parte más dura

Una vez en la cima, después de un duro ascenso, pude disfrutar de unas magníficas vistas de toda la Sierra de Peña Sagra, con el Cornón destacando por encima.

Desde la cima con espectacular vista de la Sierra de Peña Sagra

Me encontraba según el IGN el Tamareo (1.096 m.), en el cual había unas vistas espectaculares. Además de toda Peña Sagra si miraba hacia la izquierda, es decir hacia el norte, se veía una pequeña braña, creo que se trataba la Braña de La Jaroja.

Al norte la Braña La Jaroja

Después de disfrutar de las vistas y de tomar un poco de aire después del duro ascenso inicie la marcha por la crestera hacia el collado donde se encontraban el resto de los senderistas. Una vez unido de nuevo el grupo pasamos por otra gran braña donde había un rebaño de ganado pastando. Esta era la Braña de la Hoya.

Ganado en la Braña de la Hoya

Ahora volvimos a encontrar un nuevo sendero, aunque más que sendero era el camino que habían creado unos vehículos, supongo de ganaderos para ir a buscar o a alimentar al ganado. Este camino iba por toda la crestera así que todo lo que hicimos fue seguir por esta crestera en dirección hacia la siguiente cima, el Cueto Tamaredo (1.129 m).

Caminando por la crestera

A las cuatro horas de caminata llegamos a la cima más alta de todo el recorrido y a partir de este momento ya todo sería cuesta abajo. Nos encontrábamos en La Caorra (1.186 m.) Las vistas eran espectaculares, se veía la Sierra de Peña Sagra y aprovechamos para hacernos un selfie de todo el grupo.

Selfie en la cima del Caorra

También en la cima del Caorra aproveché para hacer una panorámica en la que se podían ver las cimas de todos los montes de los alrededores e incluso se podían ver las cimas de Porracolina, Castro Valnera, …

Una vez realizado el selfie iniciamos el camino de descenso hacia Tudanca y al fondo se podía ver el camino que teníamos que alcanzar.

Camino de descenso hacia Tudanca

Ahora iniciamos el descenso siguiendo la alambrada que separa el Valle de Cabuérniga del Valle de Tudanca. Algunas de las estacas las estaban poniendo y estaban tiradas en el suelo esperando a ser clavadas.

Siguiendo la alambrada

En la parte más cercana a la braña encontramos unas rocas, las cuales nos facilitaban el paso de la alambrada, así que eso hicimos pasar la valla.

Salvando la alambrada

Seguimos descendiendo hacia la braña de Carracedo donde destacaba un cerrado para el ganado.

Braña de Carracedo

En esta braña encontramos la pista que desciende en dirección a Tudanca y donde encontramos una señal que indicaba que el paso a vehículos estaba prohibido.

Fin de la pista para vehículos no ganaderos en braña de Carracedo.

En este punto cogimos la pista que desciende hacia Tudanca. Es una pista cómoda y bastante ancha que en uno de los tramos bordea el Alto de Buzañores (1.137 m.)

Descendiendo por la pista

Antes de llegar al tramo que bordeaba esta cima nos encontramos un letrero que indicaba el camino hacia Saja y hacia Tudanca.

Señal indicativa hacia Saja o hacia Tudanca

En esta pista de descenso las vistas del bosque eran espectaculares con los típicos colores de los hayedos en la época de otoño.

Hayedo en descenso

A las cinco horas y cuarto de marcha llegamos a una zona en la que nos quedaba a mano izquierda el Prado del Concejo de Tudanca. En este Prado del Concejo se juntaban las gentes del pueblo de Tudanca para proceder a la siega, asignando a cada vecino una parcela según un sorteo. Buscando y buscando uno de los senderistas encontró un vídeo del año 1929 en la que se explicaba dicha actividad. En el siguiente enlace se puede ver dicho vídeo. Pinchar aquí.

Prado del Concejo de Tudanca

Bajando por la pista llegamos a un paso canadiense y a partir de esta zona toda la pista era cuesta abajo y mucho más cómoda.

Paso canadiense en la pista.

En la pista de descenso nos encontramos a mano derecha una cabaña, y se podían ver bastantes más al fondo cerca del arroyo.

Cabaña al borde de la pista

Caminando por la pista llegamos a una curva muy marcada hacia la izquierda y a partir de este punto ya nos encontrábamos encima del pueblo de Tudanca, en el que destacaba la central hidroeléctrica. En la fotografía también se puede ver el Collado de Abellán, lugar donde se inicia el Sendero del Potro, por las faldas de Peña Sagra.

Tudanca al fondo

En el descenso nos volvimos a encontrar otro paso canadiense en mitad de la pista.

Otro paso canadiense

Bajando por la pista encontramos un desvío a mano izquierda, el cual no cogimos y que se encontraba junto a recinto para el ganado.

Cruce y recinto para el ganado

Al poco de pasar por este cruce nos encontramos una curva muy marcada hacia la derecha y que desemboca en otro cruce con una pista que viene del Barranco de Jalgar.

Cruce con otra pista

Al llegar a la pista cogemos esta hacia la derecha y justo al lado nos encontramos otra señal tirada en el suelo y que indica el camino hacia las Brañas de Carracedo, de donde bajábamos, o hacia la Ermita de la Virgen de las Nieves.

Indicador del camino del que veníamos y a la Ermita de la Virgen de las Nieves

Esta pista estaba cementada y se dirigía hacia el pueblo de Tudanca. A la derecha nos encontramos una gran nave para el ganado. Seguimos la pista hasta encontrar un desvío a mano izquierda, el cual cogimos.

Desvío hacia el pueblo de Tudanca

En este momento ya nos encornábamos en el interior del pueblo de Tudanca. Un pueblo con construcciones muy cuidadas y típicas de la zona.

Llagando a Tudanca por su parte alta.

Ya en el pueblo nos dirigimos hacia la construcción más conocida de todo el pueblo, debido a que en esa casa, La Casona de Tudanca, residió el famoso escritor José María de Cossío.

Esta casona fue fundada por D. Pascual Fernández de Linares, en 1752, un indiano que tras hacer su fortuna en Perú retorna a su pueblo y trata, mediante su edificación, mostrar su riqueza. Tiene gran interés histórico, ya que perteneció a D. José María de Cossío, importante literato, quién la donó al gobierno regional. En la Casona pasaron largas temporadas importantes literatos, que escribieron algunas obras importantes, como Concepción Arenal, Giner de los Ríos, Miguel de Unamuno, Gerardo Diego, Miguel Hernández, etc. Tiene una importante biblioteca, con algunas obras manuscritas y más de 25.000 volúmenes, archivo histórico familiar e importantes obras artísticas.

Casona de Tudanca

En una de las fachadas de dicha casona nos encontramos algo típico de esta zona, una Basna. La Basna es una especie de carretón para acarrear la hierba pero que no tiene ruedas y que se utiliza para descender desde el “Prau Conceju” por las zonas más escarpadas y por donde un carro normal no podría.

Basna en fachada de la Casona de Tudanca

Desde allí, una vez realizado el cambio de calzado y de ropa y de hacer unos estiramientos para relajar un poco los músculos nos dirigimos al pueblo de Puentenansa donde tomamos unos refrescos.

Para ver la ruta en Wikiloc pinchar sobre la imagen.

Ruta en Google Earth

Curva de altura en función del tiempo de marcha.

Curva altura-tiempo

Tudanca – Camino Real – Canal de Aras – Cueto Tamaredo – Cueto Caorra – Tudanca
Distancia Total Ruta circular de 19,1 km.
Duración Total El recorrido lo hicimos en seis horas y 30 minutos minutos, y estaríamos parados 45 minutos entre la comida y resto de paradas.
Dificultad La ruta es de nivel medio, aunque la subida del Canal de Aras es bastante dura.
Desnivel El desnivel es de aproximadamente 800 m. con un desnivel acumulado de unos 1.100 m.
Tipo de camino Todo el camino fue por senderos, pistas y campo a través.
Agua potable Encontramos varios arroyos en los que se podría beber agua, pero ninguna fuente.
Época recomendada Se puede hacer en cualquier época del año, aunque en otoño las vistas del bosque son espectaculares
Cartografía y Bibliografía Hoja 82-I (Tudanca), 82-II (Los Tojos), 57-III (Cosío) y 57-IV (Valle) a escala 1:25.000 del Instituto Geográfico Nacional.
Track GPS Enlace a track para GPS en Wikiloc
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