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El 06 de Diciembre de 2017, quince días después de la última ruta, nos volvimos a juntar cuatro amigos senderistas para hacer uso y disfrute de nuestro bonoruta. Esta vez, debido a las últimas nevadas caídas en Cantabria, nos inclinamos por hacer una ruta con raquetas. Además queríamos aprovechar el día que daban mejor tiempo de todo el puente de la Inmaculada, y no se equivocaron, día soleado y totalmente despejado, impropio de estas fechas.

Como había mucha nieve teníamos muchas alternativas, Lunada, Alto Campoo, Palombera, La cueva del Cobre, como lo organizamos la noche anterior mientras cenábamos unos sándwiches y no teníamos mucha información nos decidimos a hacer una ruta por Palombera, que ya conocíamos un poco de esta zona, en concreto nos decidimos a hacer una ruta que partiende del Puerto de Palombera nos llevase hasta el Collado de Rumaceo y luego el regreso lo haríamos por el Cueto de Orbaneja y así de esa manera hacíamos una ruta circular. Por esta zona ya habíamos realizado un par de escapadas matutinas para practicar con las raquetas, pero esta iba a ser un poco más completa. Para ver alguna de estas pinchar aquí.

Para descargar el track para GPS desde Wikiloc pinchar aquí: (hay que registrarse en Wikiloc)

Iniciamos el recorrido en el Puerto de Palombera (1.260 m.), donde a esa hora de la mañana todavía había poca gente. Aparcamos el coche en la orilla de la carretera y preparamos nuestra mochila, botas, raquetas y ropa de abrigo, porque aunque daban buen tiempo, nunca se sabe.

Aparcamiento en Puerto de Palombera

Desde el propio aparcamiento, a lo lejos, ya se veía nuestro destino final, el Collado de Rumaceo (1.701 m.), justo entre la cima del Pico Liguardi (1.975 m.) y de Coto Rubio (1.802 m.).

Collado de Rumaceo entre Liguardi y Coto Rubio

Después de prepararnos, aunque se nos olvidó algo muy importante, la crema solar, iniciamos nuestro camino, y echando una vista atrás pudimos observar cómo el sol comenzaba a salir y empezaba a iluminar la zona del embalse del Ebro, todavía cubierto por una capa de niebla.

Amanecer sobre el embalse del Ebro

Nada más empezar me llamó la atención un pequeño animalillo que parecía que estaba intentando esconderse bajo la nieve, creo que se trataba de una pequeña musaraña y cunado la fui a coger y no se escapó me di cuenta que estaba un poco congelada.

Musaraña congelada en la nieve

Continuamos caminando sobre la todavía dura nieve por una zona conocida con el nombre de campo Susero, en dirección a un bebedero para el ganado que sobresalí por encima de la nieve.

Caminando por camino Susero hacia bebedero del ganado

Cuando pasamos este bebedero para el ganado tuvimos que cambiar un poco el rumbo, ya que nos dirigíamos a un barranco y por ahí no íbamos a encontrar un cómodo paso, de manera que nos desviamos un poco a nuestra derecha , en dirección a lo que parecía un cerrado para el ganado.

Hacia cerrado para el ganado

Una vez que ya libramos esa zona de barranco, dejándola a nuestra izquierda nos dirigimos en dirección a lo que parecía una tenada para el ganado pero que se encontraba en muy malas condiciones. En este punto comenzaba una pista que se dirigía hacia el collado de Rumaceo, pero había un gran problema para seguirla, estaba bastantes centímetros por debajo de la nieve, y por tanto no teníamos posibilidad de seguirla.

Hacia tenada para el ganado

Pasamos junto a este invernal dejándola a nuestra mano izquierda y continuamos paralelos a lo que debía ser un arroyo que bajaba por el barranco, pero que no se veía por estar cubierto por la nieve en bastantes tramos. Cada vez nos estábamos acercando más a este barranco, pero ya por un sitio que sería fácil de pasar.

Caminando paralelos al barranco

En este recorrido nos encontramos algún paso por encima de pequeños arroyos que se dirigían al barranco principal, así que buscando el paso más cómodo lo atravesamos, teniendo la precaución de pisar el algún sitio con nieve blanda que hiciese que cayésemos al arroyo.

Atravesando el primer arroyo

Después de atravesar el primer arroyo continuamos dirigiéndonos hacia un sitio donde atravesar al otro lado del barranco fuese factible, ya que para allá nos teníamos que dirigir para alcanzar nuestro primer objetivo. Nos dirigíamos en dirección a un pequeño bosque.

En dirección al bosque

Por ahora no había muchas dificultades para seguir el camino, por que, aunque no veíamos la pista que se encontraba bajo la nieve, podíamos seguir las huellas de otros senderistas con raquetas e incluso esquiadores que habían regresado por este recorrido. El camino nos llevaba a un punto en el cual teníamos que atravesar el arroyo que lleva el mismo nombre que el barranco, el barranco de Las Hachas y que acaba en el pueblo de Soto.

Atravesando el barranco de Las Hachas

Para atravesar este arroyo tuvimos que prestar mucha atención ya que había que pasar por encima de la nieve y si pisábamos en el lugar equivocado podíamos acabar un poco mojados. Al final pasamos todos sin mucha dificultad y sin mojarnos. Ahora empezamos un ligero ascenso por lo que se veía claramente que era una “pista” que debía ser bastante cómoda y ancha.

Ascendiendo por la pista cubierta de nieve

Después de un breve ascenso, aunque veíamos que la pista continuaba un poco más adelante, nos decidimos a hacer un trozo campo a través ya que veíamos que volveríamos a coger la pista un poco más arriba.

Saliéndonos de la pista para cogerla un poco más arriba

Con este cambio en la trayectoria nos habíamos librado de una pequeña revuelta, no gratuitamente ya que el ascenso era un poco más duro que el camino que seguía la pista. Una vez arriba, cerca de El Otero (1.384 m.) ya se veía la zona del embalse del Ebro un poco más despejado.

Embalse del Ebro más despejado al fondo

También desde esta zona cercana a El Otero, el cual se debe llamar así porque se “otea” una extensión muy grande, al estar el día tan despejado, se podía distinguir al fondo a la izquierda los montes del sur de la bahía de Santander, destacando sobre todo el Castro Valnera, el Picón del Fraile y el Porracolina, todos ellos cubiertos por un manto de nieve.

Castro Valnera, Picón del Fraile y Porracolina

También aparecieron, de nuevo, delante nuestro el Pico Liguardi y el Cueto Ropero (1.817 m.), que en algunos planos lo llaman El Cornal , los cuales habían desaparecido cuando habíamos atravesado el barranco de Las Hachas.

Cueto Ropero o el Cornal y el Pico Liguardi

En esta zona, al atravesar un tramo sin seguir la pista, perdimos las huellas de las raquetas y esquíes de los que habían pasado por la zona, pero al mirar al fondo pudimos ver a unos senderistas que estaban dirigiéndose a un paso hacia el collado, así que nos fuimos en esa dirección y enseguida encontramos de nuevo las huellas, que iban en dirección a la zona de Las Carrizosas.

Caminando hacia el paso hacia el Collado

En ese camino nos encontramos un refugio de montaña, el cual tuve que dar la vuelta para encontrar la puerta de acceso, la cual parecía que no tenía, ya que estaba cubierta por la nieve y lo que parecía una simple ventana, era en realidad la puerta de acceso a la cabaña, se trataba de la cabaña de Laguíos.

Cabaña de Laguíos

Aquí aprovechamos para despojarnos un poco de la ropa, ya que después de este ligero ascenso comenzábamos a tener bastante calor y a refrescarnos un poco. Después de este pequeño descanso continuamos caminando hacia lo que parecía un paso hacia el Collado de Rumaceo, primero fuimos campo a través, aunque parece ser, por lo que he visto en el plano del IGN, que hay un sendero que lleva hasta el Collado, y luego ya empalmamos con lo que parecía la pista principal, dejando a nuestra izquierda el barranco de La Cuenca, y que al igual que el anterior finaliza en Soto.

Buscando la pista principal hacia el collado

Ya en la pista principal nos encontramos una señal, por la que ya habíamos pasado en otra ocasión cuando realizamos una ruta desde Soto al Liguardi. También habíamos pasado por la cabaña anterior, al igual que por El Otero, por eso nos sonaba toda esta zona. Para verla pinchar aquí. Esta señal marcaba el PR-S 86 Senda al Monte de Soto.

Desvío hacia PR S- 86

Desde este punto se tenía una espectacular vista del barranco de La Cuenca bajo la cima del Liguardi.

Barranco de La Cuenca bajo el Liguardi

Nosotros seguimos por el camino que indicaba hacia el Collado de Rumaceo, el cual ya estaba a nuestro alcance. En este último tramo ya se veían tres estampas espectaculares, por un lado, a nuestra izquierda, la cima del Pico Luguardi

Pico Liguardi

justo en frente comenzaba a aparecer las cimas del Pico Cordel (2.061 m.) y del Iján (2.084 m.), que habíamos ascendido en otra ocasión, cuando hicimos los seis 2.000 m. de la sierra del Cordel. Para acceder a esta ruta pinchar aquí.

Apareciendo el Pico Cordel y el Iján

y justo a nuestra derecha, nuestro siguiente destino después de llegar al Collado de Rumaceo, el Coto Rubio.

Coto Rubio

Después de dos horas y cuarto de caminata y casi seis kilómetros y medio, llegábamos a nuestro primer destino en el Collado de Rumaceo, en el que se podía ver ya completamente el Pico Cordel y el Iján.

Llegando a Collado de Rumaceo

Desde este Collado las vistas eran espectaculares y en una sola instantánea se podían ver el Iján, los Picos de Europa y La sierra de Peña Sagra, con su inicio en Cueto Concilla y su cima más elevada el Cornón.

Iján, Picos de Europa, Concilla y Cornón de Peña Sagra

Una vez disfrutado de estas vistas nos dirigimos al Coto Rubio. Para ello lo único que hicimos fue seguir el vallado que se dirigía hacia la cima y que separa la mancomunidad de Campo de la de Cabuérniga.

Subiendo a Coto Rubio

Ya desde la cima pudimos tener una mejor vista de los Picos de Europa, del Cueto de la Concilla, con el collado que forma con Cumbre Helgueras y donde se encuentra el Hitón o piedra Hincá. También se distinguía claramente la Caseta del Campanario y otra cabaña que habíamos visitado en otra ocasión. Delante de nosotros se encontraba el cueto de Los Culeros que nos impedía ver Los Cantos de la Borrica.

Picos de Europa con Concilla a nuestra derecha

Desde este punto y mirando en dirección nordeste se distinguía lo que parecía una gran zona urbanizada y no era otra que Santander, en la que se podía distinguir fácilmente la bahía y el Palacio de la Magdalena.

Santander al fondo

Una vez disfrutado de estas vistas nos dirigimos hacia el collado de Orbaneja en ligero descenso siguiendo de nuevo el vallado de separación de mancomunidades y dirigiéndonos hacia nuestra siguiente cima el Cueto de Orbaneja (1.735 m.)

Caminando hacia el Cueto de Orbaneja

Ya en el Cueto de Orbaneja, aprovechando que pasaba un esquiador aprovechamos para hacernos una foto con un impresionante fondo de los Picos de Europa.

Picos de Europa desde cueto de Orbaneja

Cuando iniciamos el descenso del Cueto de Orbaneja nos encontramos a nuestra derecha un pequeño pinar que estaba totalmente cubierto de nieve y no pude resistirme a hacerle una foto.

Pinar cubierto de nieve

Además encontramos una típica estampa navideña con el típico árbol de Navidad cubierto de nieve por uno de sus lados.

Árbol de Navidad

En este primer ligero descenso hacia el Colladío nos dimos cuenta de la gran cantidad de nieve que había en esta zona, ya que en algunos tramos llegaba a cubrir los postes del vallado, de manera que estos desaparecían bajo la nieve.

Postes prácticamente cubiertos de nieve

Se iba acercando la hora de la comida y así que buscamos un sitio “cómodo” sobre unas rocas que había antes del duro descenso hacia el Colladío y allí aprovechamos para comer y descansar un poco.

El descanso de los caminantes para recuperar fuerzas

Después de comer iniciamos el que antes había definido como duro descenso hacia el Colladío, pero más que duro era muy pindio, pero menos mal que era de descenso, que si llega a ser de ascenso, como lo hicimos en otra ocasión, entonces el adjetivo correcto ya sería duro ascenso.

Descendiendo hacia el Colladío

Una vez en el Colladío hay dos caminos para dirigirnos hacia Palombera, uno que es descender por lo que es una pista que va por las faldas del Alto de la Pedraja y la otra un poco más dura pero más bonita que es ascender hacia el Alto de la Pedraja e ir cresteando hasta la carretera, Esto último es lo que decidimos, así que iniciamos el ascenso al Alto de la Pedraja (1.483 m.)

Ascendiendo al Alto de la Pedraja

En este ligero ascenso parece ser que cuando nevó lo hizo con mucho viento del norte, ya que en las alambradas del vallado se habían formado unas extrañas estructuras de nieve y en algunas incluso habían aparecido los típicos chupeteles de hielo.

Chupeteles de hielo en alambrada

En el ascenso al Alto de la Pedraja nos encontramos algunas zonas que tenían menos nieve que en los tramos anteriores y eso dio el problema de que en algunas ocasiones metimos la pierna casi hasta la rodilla en la nieve, sobre todo en aquellas zonas que debajo de la nieve había matorrales.

Ascenso al Alto de la Pedraja con menos nieve

Después del ascenso al Alto de la Pedraja continuamos siguiendo el vallado en dirección a la siguiente pequeña cima, en este caso se trataba de la Cotera Mayor (1.393 m.), esta ya encima del Campo Susero.

Hacia la Cotera Mayor

Cuando ya nos encontrábamos en la parte más alta de la Cotera mayor pudimos ver algo que es típico de esta zona, sobre todo cuando hace algo de viento, se trata de un deporte que habitualmente se hace en el mar, pero en este caso se hace en la nieve se trata del kite surf que cuando se práctica en la nieve se llama snowkite.

Practicante de snowkite

En esta fotografía casi no se le ve al fondo, pero luego tendríamos la oportunidad de verlo desde más cerca e incluso hablar con el deportista, ya que estaba buscando una zona con más viento y nos preguntó si por arriba hacia más viento.

Deportista de snowkite cerca de nosotros

Ya nos quedaba poco para llegar, pero había un problema, no podíamos descender hacia Campo Susero perpendicularmente a la crestera ya que había unos importantes cortados y tuvimos que seguir por la crestera hasta encontrar un camino cómodo por el que descender. Dos de nosotros fueron a media ladera

Sin ir por la cumbre

y los otros dos por el camino que parecía más seguro

Descendiendo hacia el aparcamiento

Cuando nos juntamos los dos grupos en una zona ya muy cómoda y en la que parecía que ya habíamos salvad toda la dificultad echamos una mirada atrás del camino que habíamos recorrido.

Último tramos que habíamos recorrido

Ya parecía que llegabamos a nuestro destino final, pero todavía nos quedaba una pequeña dificultad ya al lado de la carretera y se trataba de un corto pero muy pindio descenso que salvamos sin ninguna dificultad. Al final acabamos recorriendo un total de casi 14 km. y un tiempo de cinco horas y media.

De aquí nos bajamos a Reinosa a comprar unas tortas de pan de Orzales y unos yogures y quesos. También fuimos a tomar un refresco a casa Vejo.

Para ver la imagen en Wikiloc pinchar sobre la imagen.

Imagen en Google Earth

Curva de tiempo-altura

Curva altura – tiempo

Palombera – Collado de Rumaceo – Cueto de Orbaneja – Palombera
Distancia Total Ruta circular de 13,6 km. Realizada con raquetas de nieve.
Duración Total El recorrido lo hicimos en cinco horas y media, y estaríamos parados unos 30 minutos aproximadamente.
Dificultad La ruta es moderada y la principal dificultad es el caminar con las raquetas y las duras pendientes.
Desnivel El desnivel es de aproximadamente 550 m. pero con un desnivel acumulado de casi 700 metros.
Tipo de camino Todo el camino fue por la nieve, luego no seguimos ninguna pista.
Agua potable No encontramos ninguna fuente pero varios cruces con arroyos.
Época recomendada Como la queríamos hacer con raquetas sólo se puede hacer en época de nieves. Sin nieve sería más sencilla ya que hay pistas y senderos que seguir.
Cartografía y Bibliografía Hoja 82-IV (Espinilla) a escala 1:25.000 del Instituto Geográfico Nacional.
Track GPS Enlace a track para GPS en Wikiloc
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El sábado 25 de Noviembre, después de un tiempo sin actividad senderista, nos juntamos tres amigos para realizar el uso y disfrute de nuestro bonoruta. Esta vez uno de nuestros amigos no pudo venir, por tener el cumpleaños de su hija, y lo primero es lo primero, y se quedo sin disfrutar de esta interesante ruta, pero como dice nuestro lema “no se hacen prisioneros”, siempre intentamos ir juntos, pero si no se puede…

La verdad que no era el día meteorológicamente más apropiado, ya que después de una semana de tiempo primaveral, el viernes llegaron las lluvias, pero como había una ventana de tiempo regular en la zona de Valderredible, nos dirigimos hacia allá. En concreto fuimos a realizar una ruta casi circular por el Monte Hijedo.

Ya en otra ocasión habíamos realizado una pequeña incursión por el Monte Hijedo, pero esa vez con nuestras familias, y aprovechando que pasamos unos días en el pueblo de Sobrepeñas. Pinchar aquí para ver la ruta por el Hijedo de hace siete años.

Para ello salimos de Santander hacia Riopanero a las 08:15 horas. Fuimos por la carretera del Escudo y después de pasado el Escudo, Cabañas de Virtus y nada más pasar el puerto de Carrales cogimos el desvío hacia Polientes y después de pasar por varios pequeños pueblos cogimos el desvío que nos dirige a Riopanero. Una vez cogido el desvío y justo antes de llegar al pueblo nos metemos por una pista, por la que pueden circular los coches hasta que llegamos a una zona habilitada para el aparcamiento. A partir de este punto está prohibido la circulación de vehículos de motor.

Aparcamiento en las cercanías de Riopanero

Para descargar el track para GPS desde Wikiloc pinchar aquí: (hay que registrarse en Wikiloc)

Para ver una breve crónica de la ruta y el vídeo de la ruta pinchar aquí

Allí nos pusimos las botas, cogimos la mochila y nos dispusimos a realizar nuestra ruta. En este punto de inicio había un cartel descriptivo del tramo Riopanero-Monte Hijedo del GR-99 Ruta del Ebro, el cual seguiríamos durante un buen rato. Comenzamos a caminar por una cómoda pista en la que dejábamos a nuestra mano derecha el arroyo Hijedo, el cual a diferencia de lo que pensábamos llevaba bastante agua.

Arroyo de Hijedo a nuestra derecha

Al kilómetro de ir descendiendo por esta pista llegamos a una bifurcación donde se juntaban dos arroyos, por un lado el Hijedo y por el otro el de la Breña.

Llegando al cruce del arroyo Hijedo y el de la Breña

Y justo en este punto se encontraba un refugio conocido con el nombre de cabaña de la Corva, por ser conocido esta zona con ese mismo nombre.

Cabaña de La Corva

Dejamos la cabaña de La Corva a nuestra derecha, cogiendo el camino de la izquierda cogimos una cómoda pista que iba en ligero ascenso y que estaba cubierta en parte por las hojas de los robles Albares que se encuentran a los lados de dicha pista.

Pista entre los robles

Al kilómetro de la cabaña de La Corva nos encontramos un cartel indicativo que marcaba una desviación de la ruta principal hacia el pueblo de La Serna. Para ello había que cruzar el arroyo y subir una pendiente bastante fuerte con el problema añadido, tal y como indicaba el cartel, de la falta de señalización.

Desvío hacia La Serna

La pista discurría paralela y a muy poca distancia del arroyo de Hijedo, en el que se podían ver bastantes pequeñas y curiosas cascadas.

Curiosa cascada en arroyo Hijedo

En la pista, cubierta de hojas de roble, nos llamó la atención lo que parecía unos perfectos frutos amarillentos y esféricos que además se encontraban pegados a las hojas de los robles.

Extraño “fruto” pegado a una hoja de roble

Pero ya sabíamos que no era un fruto, se trataba de una agalla, abogallas o cecidias. Se trata de una estructura tumoral que se forma en las hojas de los robles inducidas por algunas especies de insectos. Su formación es debida a que la hembra de un insecto pone un huevo en el brote tierno de una hoja del roble, el roble reacciona segregando una sustancia alrededor de este huevo y formando esta estructura, la cual al eclosionar el huevo servirá de alimento para esta larva y posteriormente en su interior se realizará la metamorfosis y una vez formado el insecto adulto saldrá de esta agalla. No me pude resistir a abrir uno y observar al insecto plenamente formado.

Insecto en el interior de la agalla

Continuamos caminando por la pista y llegamos a un lugar en el que daba lugar a una pequeña confusión, un camino se dirigía hacia la izquierda y el otro continuaba recto, así que seguimos por este, que parecía el principal.

Desvío hacia la izquierda

Pero, error, el camino se acababa a los pocos metros, pero en vez de retroceder, tiramos cuesta abajo hacia el río a coger el camino que habíamos obviado. Ya en él continuamos caminando cerca del arroyo, hasta que de repente nos encontramos una pequeña dificultad, la pista se dirigía hacia el arroyo, pero no en la misma dirección, si no que obligaba a cruzarlo,

Buscando por donde cruzar el río

así que con mucho cuidado iniciamos el cruce del río por el sitio que parecía más cómodo.

Buscando unas rocas para poder atravesar el arroyo

Pero lo que parecía que iba a ser un paso sobre el arroyo se convirtió en un constante cruce por el arroyo, primero de un lado a otro y luego regresando de nuevo al otro lado.

Cruzando el arroyo

Y cuando ya parecía que íbamos por el lado correcto, de repente otra vez al otro lado.

Otro cruce del río

Pero este no fue el último, en concreto tuvimos que cruzar el arroyo siete veces, en la subida y otras seis veces en el camino de regreso, y de las trece veces que pasamos en ninguna de ellas caímos al río y eso que las rocas tenían una superficie cubierta de verdín y la hacían muy resbaladizas.

El último de los pasos que fotografié

A la hora y cuarto, y después de casi cinco kilómetros de caminata llegamos a un vallado en el que había una “puerta” con una cadena, la cual estaba tirada en el suelo.

“Paso fronterizo” entre Cantabria y Castilla y León.

Este punto es la frontera entre la comunidad de Cantabria y la comunidad de Castilla y León y se conoce con el nombre de la Cruz de la Raya y que se encuentra a los pies del Portillo de la Serna (1.027m.) Además de este “paso fronterizo” nos encontramos una piedra en la que estaban grabadas unas letras y una cruz y que igual da el nombre a este punto.

Cruz de la Raya

Ahora ya no estábamos en Cantabria, nos encontrábamos en la Provincia de Burgos y lo primero que hicimos es desviarnos un poco del sendero para poder observar uno de los espectaculares tejos que hay por esta zona. Parece mentira en qué sitios más complicados puede brotar un tejo. Esto parece ser que es debido a que los roedores comen las semillas de este árbol y al irse a sus madrigueras mueren debido al veneno y de esa semilla brota el tejo y se tiene que buscar un camino buscando la luz entre las rocas.

Uno de los espectaculares tejos

También junto a este espectacular tejo encontré algo que nunca había visto, parecía una lechuga de estas que se llevan en la nueva cocina y estaba adherida al tronco de un roble. Como me llamó la atención la hice una foto y parece que es un tipo de liquen semejante a los que abundan por esta zona. Y la existencia de liquen evidencia la presencia de una zona libre de contaminación, así que estábamos en un sitio “muy sano”.

Extraña “lechuga”

Después de una hora y media de caminata y algo más de cinco kilómetros y medio llegamos al enlace con el recorrido circular. Además este recorrido se corresponde con un pequeño recorrido, en concreto con el PR-BU-30 de Cabaña de Hijedo, lógicamente las letras BU son debidas a que estamos en la provincia de Burgos.

Enlace con el PR-BU-30

Hasta este punto la señalización no era muy buena, ya que sólo había marcas del GR-99 y la verdad que hubo bastantes puntos que no sabíamos muy bien el camino, igual en otra época con los senderos limpios de hoja hubiese sido más fácil. A partir de este punto el camino no tiene pérdida ya que, además de ser una pista muy clara, todo el recorrido tiene las típicas franjas blancas y amarillas.

Caminando por el sendero perfectamente marcado

En este enlace con el PR-BU-30 podíamos seguir dos alternativas, ir hacia la izquierda y llegaríamos a la Cabaña de Hijedo después de recorrer 2,4 km. o ir hacia la derecha y llegaríamos a la cabaña después de andar 5,7 km. Como nuestra intención era comer en la cabaña, nos decidimos por el camino largo, así que para allá nos dirigimos y lo primero que nos encontramos era un puente para atravesar un pequeño arroyo que se encontraba a los pies de la cima de Los Casarones (1.004 m.)

Puente sobre arroyo

Después de caminar por el bosque, entre robles y hayas, protegidos del viento, empezamos a oír el sonido del viento y eso nos indicaba que salíamos de la protección del bosque y así fue, notándose un descenso de la temperatura y mucho más aire, pero tampoco mucho que hiciese incómodo el caminar.

Saliendo del bosque

Al poco rato, a los veinte minutos de iniciar el recorrido circular, llegamos a un cruce importante de caminos, hacia la derecha nos llevaría a Montejo de Bricia, pero nosotros cogimos el desvío hacia la izquierda que nos dirige hacia nuestro destino.

Llegando al desvío, el cual cogemos a la izquierda

En ese desvío, no hay lugar a pérdidas ya que está perfectamente marcado con un poste indicativo que nos marca el camino correcto a la Cabaña de Hijedo e informando que quedaban sólo 3,9 km.

Poste indicador marcando el camino correcto

A partir de este cruce el paisaje cambió totalmente, desaparecieron los árboles, apareció el viento, las nubes, zonas rocosas con Peña Rota al fondo y una pista mucho más marcada, así que la seguimos.

Siguiendo la pista

Después de caminar un rato por esta pista, parecía que nos dirigíamos de nuevo hacia el bosque y volvíamos a su protección.

Caminando hacia el bosque de nuevo

Justo antes de entrar de nuevo en el bosque nos encontramos un desvío a nuestra derecha por una pista que parecía muy importante y que se dirige hacia Santa Gadea de Alfoz. Lógicamente no cogimos el desvío, tal y como marcaba el poste indicador y nos dirigimos a la izquierda, hacia el bosque.

Desvío, el cual cogimos hacia la izquierda

Si hubiésemos cogido ese desvío también podríamos llegado a la Cabaña de Hijedo, pero por una cómoda pista, en la cual hubiésemos encontrado un cruce a la izquierda y después de un rato hubiésemos llegado a otro desvío a la izquierda que nos habría llevado a la cabaña. Justo en este desvío es desde donde empezamos hace 7 años una pequeña ruta con nuestras familias.

Cruce que hubiésemos encontrado

Bueno nosotros cogimos el desvío que nos dirigía hacia la izquierda y despareció el viento bajo la protección del bosque y despareciendo de nuevo el sendero bajo una gran capa de hojas secas.

Sendero bajo manto de hojas secas

Entrábamos de nuevo en el bosque del Monte Hijedo, que es una de las superficies arbóreas de roble más importante de España, aunque además de roble pudimos ver lógicamente muchas hayas y espectaculares tejos y acebos.

Bosque con robles y acebos

En este tramo nos encontramos uno de los tejos más espectaculares de todo el recorrido, el cual ya habíamos visto y fotografiado en otra ocasión.

Espectacular Tejo

Después de hacernos unas fotos con este espectacular tejo reiniciamos la marcha y llegamos a un cartel que nos mostraba el desvío hacia un mirador natural y allí nos dirigimos.

Desvío hacia el mirador natural del Monte Hijedo

Las vistas desde este mirador eran impresionantes, todavía se veían los rojizos colores de las hayas, aunque en esta época ya casi tendrían que estar sin una hoja, pero el cambio climático es así.

Vistas del Monte Hijedo desde el mirador natural

En el mirador aprovechamos para hacernos un “selfie” del grupo de amigos.

Selfie en el mirador del Monte Hijedo

Salimos del mirador y nos dirigimos hacia la Cabaña de Hijedo, la cual ya casi se veía desde la pista, pero antes de llegar encontramos un poste que marcaba la ruta circular y el inicio del recorrido, que es donde empezamos la otra vez hace ya siete años. A este punto regresaríamos después de comer para seguir el recorrido.

Poste indicador

Al final después de casi tres horas de camino y 11 km. llegamos a la Cabaña de Hijedo, aunque más que cabaña parecía un cortijo andaluz, no por el estilo, sino porque tenía capilla, casona, cuadras,… Es decir espectacular y en un sitio imprevisible de que nos encontremos esto que muestro a continuación.

Cabaña de Hijedo

Una vez en la famosa Cabaña de Hijedo nos dispusimos a reponer fuerzas y nos llevamos una gran sorpresa, nos apareció un gran mastín que estaba protegiendo unas ovejas que había en la finca de la cabaña y que estaba suelto. Al principio nos “asustó” un poco, pero luego nos dimos que estaba a falta de cariño.

Mastín de la Cabaña de Hijedo

Lo malo que al ser tan “cariñoso” con él, me dejó un desagradable olor y me parece que una pulga, porque esa noche aparecí con unas ronchas muy curiosas. Además este perro debe ser conocido ya que buscando en internet información sobre el Monte Hijedo encontré este texto de Javier Prieto Gallego “En la Edad Media, cuando los monjes partían de La Rioja para evangelizar el asolado norte peninsular anotaban en sus libros que, para alcanzar las fuentes del Ebro, antes era menester adentrarse en una densa y peligrosa selva plagada de peligros y fieras inimaginables: hablaban del MonteHijedo. Es muy posible que en aquel tiempo los peligros de la selva fueran tan reales como que te merendara un oso, los lobos se hicieran con tu zurrón o el abuelo del bandido Fendetestas se quedara con los dineros de la expedición. Hoy el mayor peligro es acercarte demasiado al caserío conocido como la Cabaña de Hijedo. El mastín que la vigila anda suelto y lo tiene bien claro: los forasteros cuanto más lejos, mejor.” Pero la verdad que no fue nada peligroso, lo único que impresionaba bastante sobre todo cuando se acercaba en “exceso” y no sabemos con qué “intenciones”.

Después de una merecida comida, reiniciamos la marcha dirigiéndonos al poste indicador que habíamos visto antes y que nos dirigía al punto de enlace con el camino de regreso y que se encontraba a unos 2,4 km.

Reiniciando la marcha

Nos volvemos a introducir en el bosque, pero esta vez por el camino corto

Entrando en el bosque de nuevo

Después de unos 2,5 km. llegamos de nuevo al punto donde iniciamos el recorrido circular del PR-BU-30, así que cogimos el desvío hacia la derecha que nos llevaba de nuevo hacia Cantabria.

De nuevo el cruce hacia Cantabria

De nuevo nos quedaba atravesar otros siete arroyos para llegar a nuestro destino en Riopanero, pero esta vez nos ahorramos un paso por encima del arroyo cogiendo un pequeño desvío en el que vimos un panel indicativo.

Paso sobre el arroyo que nos ahorramos

El camino de regreso fue por el mismo camino que utilizamos en la subida, así que sólo nos quedaba re-andar el camino, pero disfrutando más de las vistas y haciéndonos una foto en un impresionante haya que parecía que nos había dejado un banco para descansar en este final de la ruta.

Descansando en un “banco” de un haya

Al final, después de una maravillosa marcha de casi 19 km y cinco horas de duración, llegamos al aparcamiento en Riopanero. Allí nos cambiamos el calzado y nos dirigimos a tomar un refresco en el pueblo más importante de todo el municipio de Valderredible, Polientes.

Para ver la imagen en Wikiloc, pinchar en la imagen:

Ruta en Google Earth

Curva altura-tiempo

Curva altura-tiempo

Riopanero- Cabaña de Hijedo – Riopanero
Distancia Total Ruta de aprox. 19 km. Hay un tramo circular de unos 8 km. y el principio y final es por el mismo camino
Duración Total El recorrido lo hicimos en cinco horas y estaríamos parados unos 30 minutos aproximadamente.
Dificultad La ruta es moderada y la única dificultad es la distancia.
Desnivel El desnivel es de aproximadamente 200 m.
Tipo de camino Pistas, senderos y campo a través.
Agua potable No encontramos ninguna fuente pero hay abundantes cruces con arroyos.
Época recomendada En cualquier época del año, aunque con los ríos muy caudalosos sería dificultoso el cruce por los arroyos.
Cartografía y Bibliografía Hoja 108-IV (Espinosa de Bricia) y 108-II (Arija), a escala 1:25.000 del Instituto Geográfico Nacional.
Track GPS Enlace a track para GPS en Wikiloc
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