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El sábado 11 de junio nos juntamos tres amigos senderistas para hacer una ruta por la zona de Iguña. El tiempo que daban para ese día no era muy malo, aunque al final sí que lo fue, tuvimos de todo, niebla cerrada, lluvia torrencial, lluvia ligera, rayos, truenos y vegetación de helechos muy cerrada que hizo que fuésemos todo el rato calados, menos mal que no hacía mucho frío.

Para ello nos dirigimos hacia el pueblo de Los Llares, perteneciente al municipio de Arenas de Iguña, lugar en el que ya habíamos iniciado en otra ocasión una ruta. Nos dirigimos hacia el final del pueblo por la carretera que lo atraviesa, hasta que llegamos a una zona recreativa con columpios y mesas para comer. Si siguiésemos por la carretera llegaríamos a la Braña de Brenes, donde en otra ocasión iniciamos otra ruta.

Área recreativa donde aparcamos e iniciamos la ruta

En esa zona recreativa aparcamos el coche y nos preparamos para iniciar la ruta, la cual pensábamos que iba a ser muy sencilla y no muy dura. Justo en esta zona había un cartel indicador con 10 de rutas que recorren el municipio de Arenas de Iguña. Nosotros teníamos la intención de hacer una que no estaba marcada como tal, pero que combinaba varias de ellas, la nº 6: «Camino viejo del Moral», la nº 7: «Cuchio – Moral» y la nº 9: «San Vicente de León – Obios», más un tramo sin marcar como ruta.

Cartel con rutas del municipio de Arenas de Iguña

Para descargar el track para GPS desde Wikiloc pinchar aquí: (hay que registrarse en Wikiloc)

En el siguiente vídeo podemos ver a vista de pájaro la ruta realizada con algunas fotografías del recorrido.

Comenzamos a caminar por la pista que atraviesa el área recreativa y llegamos a un cruce en el que había un puente y unos carteles indicadores que nos dirigían hacia el PR-S 110 (Camino viejo de los Llares al Moral), así como la ruta 6 y 7. Así que nosotros seguimos los indicadores dejando el puente a nuestra izquierda,

Abandonamos la pista y nos dirigimos hacia la derecha siguiendo indicadores

La pista que atraviesa el puente se dirige hacia la zona recreativa del Vaho, mucho más grande que desde la que iniciamos la ruta y donde comenzamos una ruta en otra ocasión. Seguimos por este sendero el cual estaba cubierto por hierba pero que era fácilmente seguible.

Sendero paralelo al río

Caminando por este sendero llegamos a un pequeño cruce en el que había una marca que nos dirigía hacia el PR-S 110, el cual no teníamos muy claro si teníamos que seguir, pero lo seguimos, ya que en principio el primer tramo de nuestra ruta era el camino viejo al Moral.

Siguiendo los indicadores hacia el PR-S 110

Al poco rato llegamos a otro cruce en el que encontramos otros carteles indicadores, uno que marcaba la ruta nº 6 y que nosotros no íbamos a seguir y otro que nos dirigía hacia la nº 7 y que sí seguiríamos.

Cruce con dos rutas, la nº 6 y la nº 7, la cual seguiríamos.

Estábamos en el Cuchío (Cuchillo), ya que era donde se iniciaba la ruta nº 7, entre el Cuchío y el Moral. Así que comenzamos a seguir esta ruta, abandonando la nº 6, del camino viejo al Moral. Lo primero que hicimos fue atravesar un renovado puente, ya que habíamos visto fotos de años atrás, en las que este puente estaba bastante dañado, y que servía para cruzar el río Los Llares o Valdeiguña.

Puente sobre el río Los Llares o Valdeiguña

Nada más cruzar el puente salimos de la zona cubierta por arbolado bajo y salimos a una zona más despejada de árboles, pero cubierta totalmente de helechos, los cuales se habían comido totalmente el sendero a seguir. Comenzamos a seguir ese sendero cubierto de helechos en dirección ascendente por la divisoria que nos llevaría a la cima de La Manzana.

Iniciando el ascenso por sendero cubierto de helechos

Aquí comenzó la primera de las dificultades de la ruta, el sendero, que no se veía bien, estaba cubierto de helechos, los cuales estaban mojados y en algunos tramos nos llegaban al pecho, por lo cual toda esa agua nos mojaba pantalones e incluso las camisetas, añadiendo la duda de que nos agarrase alguna de las garrapatas que abundan en los helechales. Además de esta dificultad se añadía otra y era la elevada pendiente que teníamos que salvar, en la que en algunos tramos tuvimos que echar las manos para ayudarnos.

Ascendiendo entre los helechos

La pendiente media era muy fuerte, aproximadamente de un 35% según mis cálculos, pero en algunos tramos era todavía mayor, ya que faltó poco para tener que escalar, menos mal que en algunos tramos más verticales había unas piedras que hacían de escalera. Después de estar ascendiendo durante una media hora por esta dura pendiente teníamos una magnífica vista del Valle de Iguña y del camino que habíamos seguido.

Vistas del Valle de Iguña desde la primera de las cimas

Parecía que ya habíamos llegado a la cima de La Manzana, pero cuando llegabas a lo que parecía que era la cima, te aparecía otra detrás, y luego otra.

Lo que parecía que era al cima final

Esta tampoco era la cima final, salvamos las piedras por la parte derecha y seguimos en ascenso. Este tramo entre la humedad, los helechos, la pendiente y el agua que se nos había colado desde el pantalón hacia el interior del calzado, se nos estaba haciendo bastante duro, aunque ya parecía que llegábamos al final. Pero no, todavía quedaba un pequeño tramo, que esta vez pasaba junto un bonito acebal que ya estaba empezando a cubrirse por la niebla.

Acebal a nuestra derecha en el ascenso a la cima de La Manzana

Después de una hora y cuarenta minutos y sólo 3,7 km, habíamos llegado a la cima de la Manzana (921 m) y lo notamos porque desaparecieron los árboles, desapareció la pendiente, salimos a una zona cubierta de vegetación baja y apareció otro enemigo que se sumó a la marcha durante un buen rato, un montón de pegajosas moscas que no se separaban de ti ni un instante.

Llegando a la cima de la Manzana cubierta de pegajosas moscas

A partir de este punto se nos echaría la niebla encima, la cual nos impidió poder disfrutar de las montañas del entorno y de las vistas del alrededor. Aunque el camino no estaba muy bien marcado y la niebla nos dificultaba el seguirlo, parecía que íbamos por el camino correcto ya que al poco rato nos encontramos una señal del PR-S 110 tirada en el suelo.

Marca tirada en el suelo que nos indicaba que íbamos por el camino correcto

Seguimos caminando por lo que parecía un sendero y que iba por la cresta de la montaña en dirección suroeste hasta que llegamos a una extraña construcción que se encontraba a nuestra derecha, se trataba de un cerrado de piedra de bastante altura con una puerta que estaba tirada.

Extraña construcción en mitad del monte

Una vez dentro ya vimos que se trataba de un cerrado con panales de miel en su interior. En principio el cerrado es para impedir que animales salvajes, principalmente osos, se adentren en su interior y destruyan los panales para comerse la miel.

Panales en el interior del cerrado

En concreto, una vez que llegué a casa descubrí en este enlace  que se trataba del «Colmenar antiguo en los cerros y bosques primitivos de Cacedío y La Manzana», en recuerdo de Arsenio Ruiz Fernández.

Placa del colmenar

El colmenar estaba formado por una serie de dujos al resguardo de una pared, generalmente orientada al sur y que les servís de protección. Los dujos son las colmenas tradicionales que se construían antiguamente aprovechando los troncos huecos de los árboles que se encontraban por el monte, aunque si estos escaseaban, se cortaban y se vaciaban los troncos manualmente.

Uno de los dujos del colmenar

Las medidas óptimas de los dujos venían a ser de unos cincuenta centímetros de diámetro y entre setenta y cien de alto. Se buscaba que el tronco estuviera en buen estado y las paredes con un grosor de cuatro a seis centímetros, para que no se abrieran y pudieran aislar del frío a las abejas. A media altura se hacía «la piquera». La piquera es una abertura, en forma de agujeros o de ranura, que sirve de puerta de entrada y salida para las abejas. Por dentro se colocan una o dos cruces para que las abejas puedan sujetar los paneles. Los huecos o fisuras se sellaban con boñiga de las vacas o con arcilla para proteger el interior contra el frío y el agua. Para aislar la humedad del suelo, el dujo se coloca sobre una base de piedra, y la boca superior se tapa con una tabla y sobre ella una laja de piedra que sirve de tejadillo protegiendo de la lluvia, nieve y frío. A veces se corona con tejas y piedras, para evitar que el viento pueda levantar la tapa y dejar el interior a la intemperie.

Nos encontrábamos en la crestera que va de La Manzana hacia la cima del Cacedío. Una vez que visitamos este llamativo colmenar continuamos por la divisoria hacia la siguiente cima, y entre la niebla descubrimos una cabaña – refugio. Se trataba del refugio de Cacedío.

Refugio de Cacedío

Entramos en si interior para ver el estado en el que se encontraba, y aunque era un poco pequeño se encontraba en muy buen estado, y si lo hubiésemos pillado un poco más tarde, cuando nos cogió la lluvia torrencial, nos hubiese servido para protegernos.

Interior del refugio de Cacedío

Después de visitar este refugio seguimos caminando hacia la zona de El Salce, llegando a los pies de Cueto Esquina (1.046 m.) donde se encontraba una señal que indicaba el desvío hacia la ermita del Moral, la cual, en condiciones normales de visibilidad, creo que se vería desde este punto.

Desvío hacia el Moral

Justo al lado de este desvío hacia el Moral se encontraba escondido entre la niebla un bonito rebaño de yeguas con sus potrillos que pastaban tranquilamente.

Yeguas con sus potrillos

Todavía seguíamos en un ligero ascenso y volvimos a tener un bonito acebal cubierto de niebla a nuestra derecha.

Acebal cubierto de niebla

Seguimos caminando por un sendero poco marcado a las faldas del Cueto Esquina donde nos encontramos un bebedero para el ganado, el cual dejamos a nuestra mano derecha.

Bebedero para el ganado

Cuando íbamos caminando por este senderillo nos encontramos a un paisano que se encontraba «perreando» por los montes. Nos explicó que perrear, que no tiene nada que ver con el baile de moda del reggaetón, consistía en soltar a los perros para que sigan el rastro de los jabalíes y entrenarles de cara a la próxima temporada de caza. Nos dijo que ya habían sacado a algún jabalí y que los estaba siguiendo con un sistema de GPS. También le preguntamos si levantaría el tiempo, tal y como nosotros pensábamos, pero nos dijo que no levantaría y que incluso iría a peor. Posteriormente nos encontramos un 4×4 que estaba haciendo lo mismo, y dio la casualidad de que uno de los que iba en este vehículo había sido alumno mío. Continuamos por este sendero hasta que llegamos a una pista ancha, por la que podríamos llegar a la ermita del Moral, o hasta Bárcena Mayor.

Entrando en la pista principal

Ahora sólo nos quedaba seguir la pista si perderla ni un momento y sin coger el desvío que baja hacia Bárcena Mayor, aunque sería difícil encontrar dicho desvío por la intensa niebla.

Pista entre la niebla

También entre la densa niebla tuvimos, de repente, una vista de unas bonitas vacas tudancas que pastaban tranquilamente.

Tudancas entre la niebla

No teníamos muy claro por dónde íbamos, ya que no podíamos tener ninguna referencia externa, no se veían cimas cercanas, pistas cercanas, ni nada de nada, así que cuando llegamos a un punto en el que la pista era atravesada por una línea de AT de 130 kV, la cual partía de la central hidroeléctrica de Torina y pasaría por los saltos del Nansa en Puente Nansa y la central de Urdón en el desfiladero de la Hermida, ya supimos por dónde andábamos.

Pasando bajo línea eléctrica de 130 kV.

Del resto del camino hasta el pico Obios poco tengo que decir, ya que no veíamos nada, la niebla era muy densa y lo único que hacíamos es seguir andando, siguiendo por la pista. Después de estar caminando 5,3 km por esta pista llegamos a un punto en el que la abandonamos, cogiendo otra que se dirigía hacia nuestro desvío, en este caso es la ruta 3 desde Pujayo a Pico Obios, que ya hicimos en otra ocasión, pero hace tantos años que todavía no subía las rutas al blog.

Desvío hacia Pico Obios

Según lo que ponía en el indicador nos quedaban 720 m. hasta la cima, y así fue, al poco tiempo apareció delante nuestro el punto geodésico.

Punto geodésico en Pico Obios

Pero nos extrañaba que no veíamos las grandes antenas que hay en ese puto y en cuanto llegamos al punto geodésico se empezó a ver entre la niebla el edificio de protección contra incendios la antena y los paneles fotovoltaicos para alimentación de esta instalación.

Antenas en Pico Obios

También en este punto había dos indicadores, uno que indicaba el camino hacia Pujayo y otro en el que nos indicaba que estábamos en el Pico Obios (1.222 m.) de esta ruta nº 3 desde Pujayo a Pico Obios. Allí empezó a hacer frío y ponerse peor el tiempo por lo que nos abrigamos y tomamos unos frutos secos antes de hacernos un selfie y reanudar la marcha.

Selfie en Pico Obios

Viendo que el paisano que nos encontramos «perreando», tenía razón con respecto al cambio de tiempo, no nos quedó más remedio que iniciar el descenso lo antes posible, ya que de verdad el tiempo estaba empeorando. En principio encontramos una pista que previsiblemente nos llevaba hacia San Vicente de León, pero como el track del GPS nos indicaba la dirección contraria decidimos seguir el track, campo a través y no seguir nuestro instinto de coger la pista.

Caminando campo a través siguiendo el track en vez de coger la pista

Después de caminar campo a través, siguiendo el track, al final enlazamos con la pista, que posteriormente pudimos comprobar que era la misma que habíamos visto arriba, pero que no nos atrevimos a coger por no estar seguros y no coincidir con nuestro track.

Cogiendo la pista que va hacia Pujayo y San Vicente de León

Seguimos por la pista hasta que encontramos de nuevo unas señales que indicaban que cerca había un desvío, aunque no lo veíamos por la niebla.

Próximos a un cruce

Uno de los indicadores nos decía que la pista principal nos dirigía a nuestro destino en San Vicente de León y el otro se desviaba hacia Pujayo. A los pocos metros llegamos a dicho cruce que bajaba por una pista llena de zig-zag hacia Pujayo.

Desvío hacia Pujayo

Según el último indicador nos quedaban 8,4 km hasta San Vicente de León, todos ellos por una pista en constante descenso, en principio con bastante niebla y que iba por las faldas de la Sierra de la Rasía.

Descendiendo por la pista hacia San Vicente de León

En un momento del descenso de repente desapareció la niebla y pudimos ver una imagen de un monte que nos quedaba a nuestra espalda y que debía ser El Navajos (1.064 m.)

Pista a las faldas de la Sierra de la Rasía con el Navajos en primer lugar

También en una mirada hacia el sur nos pareció ver al fondo la silueta de Pico Jano.

Pico Jano al fondo

También, aprovechando que la niebla estaba un poco más baja y por tanto por donde estábamos se encontraba más despejado aproveché a hacer una fotografía a la Sierra de Peña Sagra y el Cueto Concilla .

Peña Sagra al fondo

En este descenso tuvimos que acelerar bastante el paso, ya que empezaron a caer unas gotas gordas, que amenazaban lluvia torrencial, tal y como sucedió, aunque duró poco tiempo, menos mal, y luego se convirtió en una lluvia fina constante. En ese descenso encontramos un gran depósito de agua, que seguramente serviría para alimentar a algún pueblo y al estar abierto por arriba para servir a los helicópteros en caso de incendio. Este depósito se encontraba a los pies del Monte Corona (943 m.)

Depósito de agua junto a la pista

En ese descenso por la pista nos encontramos un cruce de pistas que indicaba la ruta nº 10: Los Llares – La Serrulda. En un principio pensamos en cogerla, pero cómo desconocíamos a dónde se dirigía decidimos seguir el track que se dirigía hacia San Vicente de león. menos mal que no lo cogimos, ya que no lleva directamente a Los Llares, si no que enlaza con otra ruta, la nº 8: Cuchisecos – Joyancón.

Desvío hacia ruta nº 10, que no cogimos

A los pocos metros nos encontramos un desvío a mano izquierda que tampoco cogimos y que se dirigía hacia una gran explotación ganadera, que contaba con una gran casa y se encontraba en la zona del Berdugal.

Cruce que no cogimos

Poco después cambio la pista, y pasó de ser una con piedra suelta a convertirse en una carretera.

Descendiendo por la carretera

Cuando ya llevábamos caminados casi 22 km, llegamos a un punto en el que nos apareció una imagen que no nos esperábamos. Se trataba de un calvario con tres cruces y que se encontraba justo encima del pueblo de San Vicente de León, en el conocido con el nombre del Campo de la Cruz.

Calvario sobre San Vicente de León

Una vez acabado el recorrido estuve buscando qué era este calvario y encontré una web en la que lo explicaba, este es el enlace. En el año 1953 fue cuando se levantaron estas cruces, en agradecimiento a la labor que habían realizado los padres capuchinos que recalaron en ese pueblo alto de Arenas de Iguña, tras su paso por las misiones. Su labor espiritual y educativa dejó huella en forma de tres grandes cruces que obligaban a llevar la mirada hacia la cumbre. Las inclemencias meteorológicas se impusieron, y con el tiempo las cruces sucumbieron a la naturaleza.

La Asociación Cultural Serruldá se marcó el objetivo de recuperar ese Calvario y con la ayuda de la Junta Vecinal de San Vicente de León y Los Llares han vuelto a poner en pie tres cruces: la principal de 8,40 metros de alta y las otras dos de 6,40 metros.

Por último, antes de iniciar la marcha aprovechamos para hacernos un selfie con el calvario de fondo, aunque para nosotros este último tramo también estaba resultando un calvario, ya que estábamos empapados y seguía lloviendo. Nos tocaba a una cruz a cada uno.

Selfie en el «Calvario»

Seguimos descendiendo hacia el pueblo de San Vicente de León por la carretera.

San Vicente de León

Pero justo antes de llegar al pueblo cogimos un desvío hacia la izquierda, que en principio se dirigía hacia los Llares.

Desvío hacia Los Llares

Nos adentramos por esta pista después de atravesar una portilla, pero la pista se complicó bastante y nos metimos en una zona bastante boscosa, con unos castaños centenarios.

Alguno de los ejemplares de castaños de esta zona

La pista se complicaba bastante llegando a encontrarnos dos o tres momentos en los que la pista se encontraba cortada por unos árboles que la atravesaban.

Unos de los varios árboles que cortaban el sendero

En esas ocasiones nos tuvimos que salir del sendero principal para salvar esos obstáculos. En principio este sendero estaba marcado, pero se complicaba bastante y en un par de ocasiones nos salimos del sendero, metiéndonos en una zona de helechos, alguno de los cuales eran más altos que nosotros. La verdad que el camino estaba muy mal conservado. Después de dar marcha atrás en un par de ocasiones volvimos a encontrar el sendero principal y seguimos descendiendo, pasando por al lado de otro depósito de agua.

Depósito junto a sendero

Seguimos descendiendo hasta que llegamos al río Los Llares o Valdeiguña, pero no había forma de cruzarlo, así que volvimos atrás para encontrar un pequeño sendero que se dirigía a un puente.

Desvío hacia el puente

Al poco de entrar en este desvío llegamos al puente que cruzaba el río y hacia allá nos dirigimos.

Puente sobre el río Los Llares o Valdeiguña

Al poco de cruzar el puente nos metimos entre unas casas y al final llegamos a la carretera que se dirige hacia la zona recreativa.

Llegando a la carretera

Después de 24,25 km y una marcha de 6 horas y 40 minutos concluimos esta dura ruta. Así que lo primero que hicimos fue cambiarnos la empapada ropa y el calzado y ponernos a comer ya que, al estar lloviendo en la ruta, no nos paramos a comer en ella, si no que esperamos al final del recorrido para comer. Una vez que nos cambiamos, comimos y recuperamos fuerzas, nos fuimos en coche a unos de los pueblos del Valle de Iguña a tomar un refresco antes de regresar hacia Santander.

Para ver la ruta en Wikiloc pinchar sobre la imagen.

Curva de altura en función del tiempo de marcha.

Curva altura – tiempo

 

Los Llares – La Manzana – Pico Obios – San Vicente de León – los Llares
Distancia Total Ruta circular de 24,25 km.
Duración Total El recorrido lo hicimos en seis horas y cuarenta minutos, y estaríamos parados aproximadamente media hora.
Dificultad La ruta fue dura, primero por la dura pendiente inicial, la distancia, la niebla y las condiciones meteorológicas.
Desnivel El desnivel es de aproximadamente 978 m. con un desnivel acumulado de unos 1.132 m.
Tipo de camino Todo el camino fue pistas, camberas, senderos y campo a través.
Agua potable No encontramos ninguna fuente, sólo los ríos y arroyos del camino.
Época recomendada Recomendable en cualquier época del año menos en invierno por la nieve y la niebla.
Cartografía y Bibliografía Hoja 58-III (Arenas de Iguña) y 83-I (Molledo) a escala 1:25.000 del Instituto Geográfico Nacional.
Track GPS Enlace a track para GPS en Wikiloc

El 07 de mayo de 2022 nos juntamos tres amigos senderistas para hacer una sencilla ruta de sábado por la mañana, aunque luego la alargamos un poco más y se hice un poco más tarde para una ruta mañanera.

Para ello nos dirigimos a una zona de Cantabria que no tenemos muy andada, pero por eso no deja de ser una zona bonita para hacer rutas de montaña. De los tres valles pasiegos que hay en Cantabria, Valle de Pas, Valle de Pisueña y Valle del Miera, nos dirigimos al Valle de Pisueña, en concreto al pueblo de Llerana, que pertenece al municipio de Saro, a pocos kilómetros de los más conocidos pueblos de Villacarriedo o Selaya.

En la plaza de Llerana, junto al puente recientemente rehabilitado, el más destacado de los elementos patrimoniales referidos es la antigua ferrería de La Magdalena, que perteneció a Don Alonso de Obregón y Arce en la primera mitad del siglo XVII. Se trataba de una ferrería mayor en la que se fundían grandes masas de metal. La ferrería se convirtió tras el cese de su actividad mediado el ochocientos en molino harinero y posteriormente en fábrica de chocolate. En la plaza se puede contemplar también un buen ejemplo de casona montañesa, que en origen correspondió al Conde de la Valenciana, caballero de Carlos III que amasó una gran fortuna en México con la extracción de plata en la mina del mismo nombre.

Aparcamos el coche en la plaza del pueblo, junto a una a la casa consistorial y el Hotel Suites Valles Pasiegos.

Aparcamiento en plaza de Llerana

Para descargar el track para GPS desde Wikiloc pinchar aquí: (hay que registrarse en Wikiloc)

En el siguiente vídeo podemos ver a vista de pájaro la ruta realizada con algunas fotografías del recorrido.

Allí nos preparamos, pusimos las playeras de montaña, ya que no eran necesarias las botas, cogimos las mochilas y comenzamos a caminar. Nos dirigimos por la carretera en dirección sur hasta que atravesamos un puente sobre el río Rubionzo o Rubí, junto al que hay una fuente en la que poder coger agua, si no lo hubiésemos llevado.

Atravesamos puente sobre el río Rubionzo Rubí.

Atravesamos el puente y nada más dejar a nuestra derecha una gran casa con un gran patio nos encontramos a nuestra derecha un desvío con un indicador que nos dirige hacia Abionzo, siguiendo el PR-S56.

Desvío hacia Abionzo

Caminando por esta sencilla pista llegamos a un nuevo cruce, el cual seguía el PR-S56 y que nos dirigía hacia Abionzo, pasando previamente por el molino de Rubionzo.

Nuevo desvío hacia Abionzo, pasando por molino de Rubionzo

A los pocos metros de introducirnos por este desvío a mano derecha que nos dirigía hacia Abionzo nos encontramos el molino de Rubionzo junto a una tejavana con una mesa y una destartalada barbacoa, en este lugar fue donde en el regreso nos paramos a comer.

Molino de Rubionzo

El molino de Rubionzo aún conserva la maquinaria original, la canal de derivación y un curioso puente de piedra decimonónico. El camino enlosado que conduce al pueblo, de aspecto carretero, y el canal que desciende hacia el edificio de la antigua fábrica de electricidad son otros elementos destacables del recorrido.

El río Rubionzo acoge buenos ejemplos de patrimonio construido preindustrial ligado al aprovechamiento de la fuerza motriz del agua. Las fábricas de luz producían corriente continua, lo que impedía largos desplazamientos y servía básicamente para abastecer las necesidades del pueblo y los adyacentes.

Dejamos el molino a mano derecha y nos fuimos por un pequeño sendero que partía de este molino. Siguiendo por este sendero al poco rato llegamos a una pista un poco más ancha, y después de caminar por esta pista durante unos 25 minutos por la zona de Otillos, llegamos al pueblo de Abionzo, perteneciente al  municipio de Villacarriedo.

Llegando a Abionzo

Esta población es considerada como el solar originario de la Familia Fernández Campero, que se establecería en México, el Río de la Plata y el Alto Perú. Aquí nacieron, Juan José Férnandez Campero de Herrera, Caballero de la Orden de Calatrava, y posteriormente primer Marqués del Valle de Tojo (Marquesado de Yavi), Diego Férnandez Campero y Siles, quien se estableció primero en la Gobernación del Paraguay en 1690, para recalar como Maestre de Campo en la Ciudad de Tucumán. También proviene de Abionzo, el militar Juan Manuel Fernández Campero (militar) (1741-1791, quien fuera gobernador del Tucumán en el siglo XVIII y a quien le correspondió la misión de expulsar a la Compañía de Jesús de esa región, en 1765. Otras ramas de esta familia se establecerían en México, mientras que otro linaje conocido por sus vínculos con éste lugar fue la familia Güemes-Campero que también se establecería en el Virreinato del Río de la Plata.

Desde la plaza de Abionzo nos dirigimos hacia el barrio Concejero y un poco más adelante dejamos a nuestra derecha la ermita de San Roque, razón por la que en este pueblo se celebra la fiesta de San Rocuco, que tiene lugar el 17 de agosto y está declarada de interés local.

Ermita de San Roque

Hasta este punto habíamos seguido en un suave ascenso, pero a partir de aquí el desnivel comienza a ser más pronunciado, al principio con un suave ascenso, hasta que se llega a la base de Picojeniro, en el que el ascenso en bastante pindio. Nada más al salir del pueblo ya se puede tener una magnífica vista del valle del Pisueña, en el que destacan los dos municipios más importantes y conocidos, Villacarriedo y Selaya.

Valle de Pisueña con Villacarriedo en primer lugar y Selaya al fondo.

Seguimos en ligero ascenso por una pista bastante ancha que es apta para el paso con vehículos, hasta que llegamos a un cruce, cogiendo el camino que va hacia la izquierda.

Cogemos la pista de la izquierda

Si miramos hacia el sur en nuestro ascenso tenemos unas magnificas vistas de las cimas que cierran el valle de Pisueña y que lo separan del valle del Pas y en el que se ve el verdor de todo el valle y en el que parece que al fondeo es el Alto del Caracol.

Cimas que cierran el valle de Pisueña

En este ascenso volvemos a encontrarnos otro cruce, que en este caso tenía una señalización con una flecha, la cual seguimos y que nos dirigía hacia nuestro siguiente destino.

Siguiendo las marcas de flechas blancas

Nos metimos por este desvío y nos dirigíamos hacia la zona de las cabañas de Jeniro. En este punto podíamos ir por diferentes pistas, que seguramente llevarían al mismo lugar, pero nosotros decidimos seguir las indicaciones que nos encontrábamos en los cruces.

Siguiendo otro indicador

Continuamos caminando por esta cómoda pista hasta que llegamos a un punto en que veíamos nuestro objetivo a mano izquierda, así que encontramos un pequeño cruce de un senderillo con la pista principal.

Saliendo de pista principal hacia pequeño sendero a la izquierda

Aquí comenzó el ascenso más duro, ya que en muy poco tiempo teníamos que hacer un ascenso bastante pronunciado, así que nos llenamos de paciencia y tiramos hacia arriba. El primer tramo del ascenso era entre escajos que pinchaban en las piernas, ya que el sendero era muy estrecho.

Subiendo por sendero cubierto de escajos

Luego el terreno se fue haciendo más sencillo, ancho y libre de los molestos escajos y ya casi se veía el punto geodésico en la cima de Picojeniro (814 m)

Divisando la cima de Picojeniro y su punto geodésico

Después de casi dos horas de caminata, y sólo unos seis kilómetros llegamos a nuestro primer objetivo el Picojeniro, con su punto geodésico marcando la cima.

Punto geodésico en cima del Picojeniro

Una vez en la cima no pude resistirme a hacer una fotografía panorámica desde el punto geodésico que allí había.

Las dos vistas principales que se tenían desde este punto es la del Valle de Pisueña con los Picos de Europa al fondo, así como Peña Sagra y las montañas de Campoo hacia el oeste.

Vistas hacia el oeste

Así como las vistas hacia el norte, llegándose a ver el mar Cantábrico.

Vistas hacia el norte

Como no, también aprovechamos para hacernos un par de selfies con las montañas de los alrededores de fondo.

Selfie en cima de Picojeniro

Una vez descansados un poco del ascenso, haber tomado un refrigerio y frutos secos, así como de haber realizado las fotografías de rigor, seguimos nuestro camino cresteando primero en dirección este, hacia la siguiente cima, primero a Los Pobles y luego hacia Alcor. Desde esta crestera tuvimos dos imágenes que nos llamaron mucho la atención. La primera de ellas era unas extrañas «terrazas» que había en una vaguada que se encontraba hacia el norte.

Extrañas terrazas en vaguada

En principio no sabíamos que eran, ya que lo que estábamos seguro es que no era nada natural, sino construido por el ser humano, pero no sabíamos para qué. Al llegar al pueblo de Llerana, preguntamos pero ninguna de las versiones nos convenció así que seguimos investigando y descubrimos que se trataba de unas mieses que fueron sustento en el siglo XIX de amplios linares (cultivo del lino), en cultivos aterrazados de los que aún se conserva aquella tradicional morfología de la ladera, aunque ahora están cubiertos de prado, quien tiene la hegemonía de los cultivos y del paisaje. Más tarde pasaríamos junto a estas zonas aterrazadas.

Otra vista que nos impresionó en esta misma zona fue la vista de los montes de Picón del Fraile, Picones de Sopeña (donde nace el río que da nombre al Valle de Pisueña), Alto del Caracol y Castro Valnera.

Cimas de Picón del Fraile, Picones de Sopeña, Castro Valnera,…

Una vez que llegamos a la última de las cimas en Alcor, iniciamos el descenso en dirección norte, pasando por el Campizo de las Mayadas y al llegar al Alto de la Tejada cogemos dirección oeste. En este tramo ya íbamos por una pista bastante ancha y que se dirigía hacia la zona aterrazada donde en el siglo XIX se cultivaba el lino.

Zona aterrazada para las lineras

Junto a esta zona de terrazas nos encontramos varios rebaños de ganado vacuno en la que se notaba que había llegado la primavera y había bastantes terneros que tendrían pocas semanas.

Terneros en zona de las lineras.

En ese descenso por la pista pudimos ver unas cimas que destacaban en dirección noreste pero que no supimos identificar, aunque eran bastante llamativas por su rocosidad y poca vegetación.

Cimas rocosas al fondo

Continuamos descendiendo por la cómoda pista, confundiéndonos en alguno de los cruces, pero sin ninguna importancia, ya que si hubiésemos seguido por esa pista hubiésemos llegado al mismo lugar. Por eso nosotros cogimos el desvío de la izquierda.

Desvío a la izquierda

Volvimos a coger otra vez la pista, que si no hubiésemos cogido el desvío no lo habríamos abandonado y volvimos a salirnos de la pista principal que iba hacia la derecha.

Nuevo desvío a la izquierda

Después de casi tres horas de caminata, de una dura subida y un cómodo descenso llegamos de nuevo al punto de partida en el cruce que se desviaba hacia Abionzo, justo después de pasar por una casa rural de Finca la Sierra.

Casa rural antes del desvío hacia Abionzo.

Nuestro objetivo ya estaba cumplido, pero como todavía era bastante pronto decidimos alargar un poco más el camino y nos dirigimos de nuevo hacia Abionzo, por el camino que habíamos cogido en el ascenso, esta vez con el objetivo de meternos por el robledal de la Zarrizuela. Primero llegamos de nuevo al molino de Rubionzo, donde aprovechamos la tejavana para comer el bocadillo y tomar un refresco.

Comiendo en tejavana del molino de Rubionzo.

Seguimos por el mismo camino que habíamos realizado en el primer tramo, pero esta vez al llegar a un cruce en la pista, cogimos el desvío que estaba marcado hacia el río Rubionzo y el robledal de Zarrizuela.

Desvío hacia el río el robledal.

Aquí fue la única marca que nos encontramos, así que nos guiamos un poco por nuestro instinto y en dirección hacia el río, hasta que nos encontramos una cabaña.

Cabaña cerca del río Rubionzo.

Dejamos la cabaña a nuestra derecha y nos dirigimos hacia el robledal, para lo que tuvimos que sortear algún cerrado, que después de atravesarlo lo volvimos a cerrar. estábamos en mitad del robledal de Zarrizuela, que aunque no tenía mucha extensión, si estaba bastante cubierto de vegetación.

Robledal de Zarrizuela

Esta parte del robledal estaba bastante cubierta de vegetación y pudimos tener una vista de unos buitres que volaban por la zona y con la luna en el cielo.

Vegetación con luna y buitres en lo alto.

Después de casi 20 km de caminata y un tiempo de 5 horas y 40 minutos llegamos de nuevo al pueblo de Llerana y nos fuimos a tomar un refrigerio al bar casa Terio, donde no pudimos comer nada ya que estaban de obras en la cocina, pero nos comentaron que se comía bien. Una vez tomado el refresco y de informarnos sobre las lineras nos dirigimos al municipio de Selaya con el fin de comprar los típicos sobaos de las zonas pasiegas y en concreto los que más me gustan, los de Casa Macho.

Para ver la ruta en Wikiloc pinchar sobre la imagen.

Curva de altura en función del tiempo de marcha.

Curva altura-tiempo

 

Llerana – Abionzo – Picojeniro – Llerana – Robledal de la Zarrizuela – Llenara
Distancia Total Ruta circular de 19,4 km. Una primera de 13 km y la segunda de 6 km aproximadamente.
Duración Total El recorrido lo hicimos en cinco horas y cuarenta minutos, la primera circular la hicimos en algo menos de cuatro horas y el resto en la segunda, aunque estuvimos parados media hora comiendo en esta segunda.
Dificultad La ruta es de nivel moderado. Aunque el segundo recorrido es sencillo.
Desnivel El desnivel es de aproximadamente 640 m. con un desnivel acumulado de unos 1.250 m.
Tipo de camino Todo el camino fue pistas, camberas, senderos y campo a través.
Agua potable Las fuentes las encontramos cerca de los pueblos, pero en el recorrido no vimos ninguna.
Época recomendada Recomendable en cualquier época del año, sobre todo en primavera por el vede del terreno.
Cartografía y Bibliografía Hoja 59-III (Selaya) y 59-I (Sarón) a escala 1:25.000 del Instituto Geográfico Nacional.
Track GPS Enlace a track para GPS en Wikiloc
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